27 de abril de 2011

El internet como ventilador

No es suficiente para las empresas de comunicación masiva con lo impreso, hablado o televisado, ahora también debemos lidiar los constantes mails con artículos de dudosa autoría y más dudosa fuente de información. Lo peor de todo es que son mis amigos y conocidos quienes se encargan, sin retribución alguna, de hacerme llegar lo que piensan los periodistas o políticos de moda en tiempos eleccionarios. Dejé de comprar diarios y de ver noticieros locales para librarme de la batería de ataques de los grupos contendientes en la segunda vuelta electoral en Perú, pero la vía internet se abrió sin límites en mi computador personal.
Absténganse, amigos y conocidos míos, se lo suplico, de enviarme artículos, columnas, o libelos de ninguna autoría que no sea la de ustedes mismos. Ustedes tienen los mismos miedos, las mismas inquietudes y las mismas interrogantes que yo. Ustedes sufren los mismos problemas diarios y comparten el mismo futuro que yo. Entre nosotros sí podemos, y debemos, conversar y discutir sobre lo que puede ser mejor o peor para nosotros. No necesitamos a ningún sabelotodo a sueldo para decirnos qué pensar y menos para urgirnos qué hacer. Nos bastamos nosotros, mis queridos amigos y conocidos.
La caja de resonancia de los mensajes de periodistas y políticos se ha ampliado ahora con la colaboración gratuita de muchos usuarios de correos electrónicos. El ventilador que antes usaban para llenar de lodo a quienquiera les fuera incómodo tiene ahora nuevas dimensiones ¡sin que tengan un sólo centavo de costo adicional!

1 comentario:

  1. Ricardo Morón Acosta28 de abril de 2011, 14:26

    Totalmente de acuerdo. Cuando alguien, un amigo o un contacto, redirecciona información (o desinformación) de la prensa o de fuentes inverificables, lo único que consiguen es "caer en el juego" y en el mejor de los casos ganarse una antipatía civilizada. Más aún, me parece impertinente y hasta insolente diría, que alguien (que no es candidato a nada) trate de convencer a otra persona de optar por sus preferencias políticas. Es prácticamente como gritarle a alguien en la cara que no tiene la suficiente masa encefálica para decidir por sí mismo. Es tan invasiva esa actitud como cuando te piden donar tus centavitos en los supermercados, cuando la decisión no parte de uno mismo sino de alguien más. Exponer razones sí pero ya basta de vender sabiduría popular, que lo único que ha conseguido, es llevarnos de la mano hasta donde estamos hoy en día.

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