18 de abril de 2011

Los Tres Monos Sabios

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     Los tres tradicionales monitos que se muestran cubriéndose los ojos, los oídos y la boca tienen gran significado en la cultura japonesa desde hace siglos.  Precisamente, los nombres de los simpáticos micos - Mizaru, Kikazaru, e Iwazaru - significan "no ver, no oír, no decir". Y, según nos explica la antropóloga japonesa Emiko Ohnuki-Tierney, catedrática de la Universidad de Wisconsin, existía en el Japón medieval un "código filosófico y moral santai: entre el pueblo el sentido era «rendirse» al sistema, obedeciendo un código de conducta que recomendaba la prudencia de no ver ni oír la injusticia, ni expresar la propia insatisfacción, lo que perdura hasta la actualidad". Un código de supervivencia que en nuestros tiempos ya no termina en pérdida de la cabeza al golpe de alguna katana samurai, pero que se sigue aplicando con la diligencia propia del insano terror a lo desconocido.  

     No son, entonces, los tres monitos parte de un espectáculo infantil sino que representaron sutilmente la opresión que un pueblo antiguo sufrió. Una opresión económica real que mantuvo por muchos años a una casta tan inútil e improductiva como la Samurai en lugar prominente de la estructura social, tal como sucedió con la casta de los hidalgos en España y los encomenderos en Hispano América. Las actuales castas improductivas en el Perú, ya sean políticos o mercantilistas, han logrado implantar la actitud de "mono sabio" en la gran mayoría de conocidos míos cuando de reclamar contra injusticias sociales o gremiales se trata. Una pérdida de tiempo dicen unos, una actitud de envidia afirman otros, una condición de renegado social rematan unos pocos más. Una lástima, pues muchos de esos conocidos míos son gente inteligente que ha pasado por un proceso de auto-convencimiento de la existencia de una realidad ideal creada para el consumo masivo. Se tapan los oídos a toda voz que cuestione el supuesto papel igualador del crecimiento económico auto-regulado. Callan sin esgrimir razones cuando se duda de la alucinante idea de cada-peruano-un-emprendedor. Prefieren ser ciegos a la diaria visión de imágenes de nuestro casi vandálico subdesarrollo omnipresente en cada calle, cada barrio, cada ciudad. Una verdadera lástima.

1 comentario:

  1. Bien Juanjo! Tampoco adoptaré la postura de los monos sabios. No recurriré a la "estrategia" de mentirme o autoconvencerme de virtudes inexistentes con respecto a ninguna de las dos opciones y me reservo el derecho de no elegir a nunguno de ellos si no veo posibilidad plausible de algo, al menos, medianamente positivo para nuestra patria, no solamente para mi.

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