30 de mayo de 2011

Perú. Semana Decisiva

   Queda menos de una semana para que las elecciones saquen a todos los peruanos al unísono a las calles, no solo para convertir el plácido tráfico dominical en el peor de los infiernos, sino también para depositar un voto, sí, un voto que irá sumando en una de las dos pilas de papeles que deberán formarse el próximo domingo.
   Una de las pilas de votos estará formada por quienes votan por el mal menor de la duda entre un socialismo trasnochado sin norte o una democracia con el inicio de inclusión de grupos sociales importantes por su cantidad; entre ellos estará el voto de la intelectualidad peruana y el de los grandes bolsones de pobreza pandémica del país. Este voto será su mal menor porque más de lo mismo del último gobierno sería seguir alimentándose de abstracciones económicas, su mal menor porque estamos los peruanos perdiendo el tren del desarrollo mientras los economistas juegan al "congelado", a ver si no moviéndonos nosotros, los precios de productos primarios también se conservan estáticos arriba. Pero es mal menor especialmente porque en esta pila de votos estarán muchos que saben que un país es una sociedad formada alrededor de tradiciones y principios comunes y que las sociedades no sobreviven sin los valores esenciales del ser humano, es mal menor porque será una pila de votos contra la corrupción, el robo, y el abuso del poder.
   La otra pila será la de los votos de aquellos que han puesto los valores esenciales de lado por un progreso que , más que gozar, anhelan para sí mismos con sus tarjetas de crédito a reventar. Ellos también creen en el mal menor, pero menor en supuestos riesgos económicos que se les ha presentado como jinetes del apocalipsis que buscan la inclusión de los demás peruanos, menor en la posibilidad de cambiar el sistema que nos gobierna y que ya ha probado en el mundo que requiere ajustes, serios ajustes que ya vienen pidiendo españoles y chilenos en las calles (ya quisiéramos los peruanos tener el desarrollo que tienen los ciudadanos comunes de España y Chile que ahora protestan por mejor distribución de la riqueza). Pero el ansia por progresar no es algo que nadie pueda criticar, aún cuando ese progreso sea individualizado a ultranza y desprovisto de la solidaridad que nos diferencia de las manadas de gorilas que abandonan a sus viejos cuando ya no se pueden valer por sí solos. Hasta éso se puede entender; pero no se puede entender que se deje de lado la dignidad del ser humano basada en los principios básicos y elementales que forman los cimientos de una sociedad civilizada, no se puede entender que por un ansiado progreso individual se olvide que no hay sociedad viable sin honestidad, solidaridad, y espíritu de grupo, especialmente cuando ese grupo encarna a una nación, un país, una patria.
   Esta última semana será decisiva para ese segundo grupo de votantes. Decisiva para quitarse las anteojeras que les han puesto para que corran a ciegas y ver por sí mismos qué está pasando en su propia casa, su país. Decisiva para que dejen de pensar con cerebros alquilados y tomen decisiones propias en beneficio de su país, su casa. Decisiva para no permitir el reingreso al poder a una mafia que dejó nuestra casa devastada y que no ha dudado ni un segundo para nuevamente crear aguas revueltas en la opinión pública tal como ya están acostumbrados en toda elección en que se presente un miembro de la "dinastía fujimori", ahora dirigida desde las cárceles.

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