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30 enero 2016

El ministerio de educación peruano


  Mes de agosto en Lima. Usualmente es el mes más frío del año, pero el 2015 trajo un invierno suave en temperatura y moderado en humedad, casi motivo de celebración para una ciudad eternamente cubierta por una niebla pertinaz que, a fuerza de estar pegada a las muchas pistas repletas de recovecos y hoyos, ya se ha convertido en un manto húmedo poco permeable a los humos de vehículos y chimeneas industriales.
 
     El asma y yo hemos hecho un pacto de no agresión por el que ella me deja vivir sin cerrar su puño alrededor de mis pulmones si mantengo una distancia prudencial de la nube que cubre Lima. Así, el mes de agosto del 2015 para mí fue mucho más benigno en el pueblo-distrito en el que vivo, en las faldas de los cerros que empiezan a trepar al este de la gran urbe de 9 millones. Felizmente también han logrado trepar las urbanizaciones e invasiones que trajeron consigo los servicios básicos que la humanidad creó para poder multiplicarnos con mayor comodidad. Y los no tan básicos también. Gracias al no tan básico servicio de internet hice el blog que estás leyendo ahora y ocasionalmente encuentro oportunidades de trabajo que aprovecho con lo mejor de mis posibilidades, pues sé por experiencia cómo se ha ralentizado la seguridad laboral de los profesores de idiomas en el reino empresarial en que se ha convertido este país. Esta vez personalizaré lo que escribo.

     En uno de los tantos correos propagandísticos que me llegan vía electrónica, me llegó uno no comercial anunciando una convocatoria para seleccionar a docentes de todas las especialidades que se enseñan en el nivel secundario peruano. La convocatoria la hacía el sistema de colegios de alto rendimiento del ministerio de educación (no merece las mayúsculas) del Perú. Nada menos que los colegios especialmente hechos para los alumnos que ocupan los primeros puestos en colegios estatales de todo el país. La novedad más resaltante era que estaban abriendo ocho nuevos colegios de alto rendimiento en sendas capitales de departamentos (divisiones territoriales en el Perú), incluyendo a mi querida Cajamarca en la sierra norte. Tanto será mi amor por la tierra que, a pesar de dos experiencias terribles en convocatorias laborales previas del mismo ministerio de educación, me apunté. Con mucho escepticismo, me apunté.

     La primera experiencia terrible que tuve con el ministerio de educación fue precisamente en una convocatoria para el colegio de alto rendimiento llamado Presidente de la República, la versión limeña y original de esos colegios especiales. Postulé y logré llegar hasta la última instancia con el más alto puntaje, puntero. Los funcionarios ministeriales y colegiales tuvieron que darle una nota ínfima a mi clase modelo-entrevista para que la candidata que venía con el tercer lugar en puntaje hasta ese momento saliera ganadora con un puntaje por entrevista casi perfecto. La diferencia de puntajes era tal, que sólo pudieron birlarme el concurso por sólo 0.5 puntos. Mi reclamo oficial en el colegio ni siquiera mereció respuesta de ése ni del ministerio de marras.

     La segunda experiencia terrible, impenitente de mí, también sucedió esta vez en una convocatoria general para todos los colegios de alto rendimiento, llamémoslos COAR como les gusta a los burócratas. Mi justificación para volver como mula al trigo fue que la primera vez había tratado con funcionarios de categoría menor, de pupitre colegial, que ahora el asunto sería tratado por funcionarios de primera clase, de oficina ministerial en el mesocrático distrito de San Borja en la capital. Grave error, los funcionarios dizque de primera clase registraron mi postulación, pero ni siquiera consideraron mi nombre para declararme apto o no apto en la etapa de evaluación de currículums, la misma que había merecido 97/100 en mi primera experiencia concursal. Cuando reclamé, con mucho tiempo para correcciones de parte de ellos, simplemente no me prestaron atención. Mi reclamo oficial en el ministerio de San Borja tuvo la respuesta negativa que esperaba ─al fin, cuando al gato lo dejan de despensero, todo termina devorado o meado─. Los funcionarios se dieron el lujo de fabricar un registro tardío para mi postulación considerando mi currículum no apto cuando ya todo estaba consumado. ¿Recuerdan que el mismo ministerio le dio un 97/100 a mi CV en la primera convocatoria que participé? Muy conveniente resultado para ellos y la camarilla enquistada en esa cartera gubernamental.

     Los días pasan rápido, la vida viene y va, y me contrata una institución privada, filial de una megaempresa internacional, como Coordinador General de un proyecto de capacitación dirigido a profesores estatales, proyecto licitado por el mismo ministerio de educación. El proyecto se convierte en programa y el programa en realidad y ahí me tuvieron trabajando al 100% con 18 salones con capacitadores internacionales frente al mar de Lima. Gratísima y enriquecedora experiencia que terminó con un acompañamiento online a la mitad de los 400 profesores estatales egresados del programa presencial. Las plataformas educativas dejaron de tener secretos para mí y ahora diseño y manejo mi propia plataforma para preparación TOEFL en Canvas®. Perdón por el comercial.

     De vuelta a la siniestra realidad estatal peruana, cuando el programa online que les comento estaba casi en su término, me escriben los funcionarios ministeriales de la convocatoria para el COAR de la bella Cajamarca, la tercera convocatoria a la que me apunté lleno de escepticismo. Le habían dado otra vez 97/100 a mi CV los muy ladinos. Pregunté a amigos, sopesé el tema, y decidí seguir la corriente al ministerio de educación por tercera vez, iluso de mí. Un viajecito a la linda tierra no me caería mal, pensé, tratando de buscar colaterales desde el saque. Desarrollé una prueba escrita en Cajamarca y me calificaron el trabajo con 100/100. Caminaba el asunto y despertaba esperanzas en mi escéptico ser. Mi más cercano perseguidor estaba 16 puntos atrás, ¡y eran dos puestos en disputa! Un mes después me hacen una entrevista por internet y puedo decir que no me fue nada mal en el intercambio hablado. Casi un mes después publican resultados finales y la primera sorpresa fue ver el puntaje más que irrisorio que me habían dado por entrevista, peor en 19 puntos que en la entrevista del primer concurso que participé en el colegio original. Demás está decir que una candidata que iba cuarta en la carrera por puntos le habían premiado con un puntaje casi perfecto y la colocaron así en el primer lugar, ganadora del proceso. La pesadilla otra vez. Pero, espera, me dije, soy el segundo en el orden de mérito que los mismos funcionarios han cocinado, así que ¡aún gano una docencia en el COAR de la linda Cajamarca! Algo picado por el cambalache de puntos, pero ganaba. Estaba sobreestimando a los funcionarios del ministerio, no gané ni las gracias por participar.

     Lo que siguió bien puede ser parte del guion de alguna película acerca de republiquetas corruptas cuyo oprimido pueblo es rescatado por un héroe de la decencia democrática. Solo que sin héroe en la película. Me enteré que no respetarían el orden de mérito, que sólo los primeros puestos serían contratados, que los segundos lugares no serían considerados, que había habido concursos paralelos en la misma convocatoria. Abierta mentira. Recurrían a la mentira, a la desvergonzada mentira para hacer y deshacer a su gusto y antojo. Todos sus propios documentos oficiales publicados hablan de la mentira que vienen ejecutando al tiempo que escribo esta declaración personal de frustración y nausea. No solo se están zurrando en el precepto de la meritocracia como pilar de una democracia sana y progresista (tantas veces anunciada por ministros y presidentes) sino también ponían en franca duda la calidad del staff de los colegios que deben formar a las mejores mentes del Perú. Esta no es una película, es la realidad pura y cruda. La corrupción no tiene límites y está enquistada en todos los tejidos y costuras del ropón de este bebe que tenemos por país.

     ¿Reclamaré? Sí. ¿Obtendré el puesto que me corresponde por orden de mérito? No. Mi reclamo se procesará en las oficinas del mismo gato despensero por 30 días útiles. Otros tantos días útiles en Defensoría del Pueblo, que es donde debe acudir todo aquél que haya sido atropellado por la burocracia estatal. Aún si Defensoría fallara a mi favor y mandara desfacer el entuerto, esto sucedería cuando el año 2016 ya esté a medio consumir y tendrían que atropellar ─con justicia, pero atropello al fin─ a quien quiera que esté ejerciendo mi trabajo. Y una muy incierta posibilidad que la prensa, el cuco de los funcionarios mediocres, me dé bola en esta época electoral.

     Aun cuando tengo toda la documentación que sustenta mi relato y estoy dispuesto a denunciar el atropello, ¿se hará justicia? Lo dudo desde lo más profundo del escepticismo que esta vez sí ha llegado para quedarse en mi opinión y expectativas de todos los actos que realizan rutinariamente los seres humanos que administran nuestro estado desde hace mucho tiempo. Y mi caso debe ser solo parte de la punta del iceberg de la corrupción en el ministerio de educación y demás burocracias que son el mal de ojo del Perú, no se nota, pero jode a rabiar.

26 septiembre 2014

Gestión de Jabonero

     Dicen que en casa de Jabonero el que no cae resbala. Por desgracia es bien sabido que, en lo educativo, el Perú ya no puede resbalar estando como está tendido cuan largo es desde hace un tiempo, para ser exactos, desde que el sector fue tomado al asalto por empresas privadas. Don Mariano Jabonero dirige en Editorial Santillana y nos dice que podremos mejorar el tema escuelas en el corto plazo, que no es necesario esperar, pues ellos tienen la varita mágica, más exactamente, la varita virtual.
   
Según una entrevista publicada en Diario Gestión de Lima, don Mariano, Jabonero de Fundación Santillana, nos endilga enfáticamente:
 "se puede mejorar la educación a corto plazo, si esa mejora viene acompañada de un desarrollo a través de tecnologías de información (TIC)" [sic].
Muy aparte del galimatías del desarrollo atravesado de tics, tal parece que para Santillana el cerebro humano a evolucionado en el transcurso de una sola generación al grado de asimilar alucinantes cantidades de información fragmentada en milisegundos gracias a:
 "un beneficio tanto en contenidos (porque es abierto) y entretenimiento (porque los alumnos se aburren menos)" [sic+sic].
 Como si lo del entretenimiento en aulas no hubiera sido ya el común denominador de lo aplicado en aulas peruanas mientras caíamos en picada, sólo por la coincidencia debería haberse revisado cuánto entretenimiento ayuda a aprender en aula pero no se hizo y se siguió jugando para el vídeo familiar. Resbalón tras resbalón, sin contar el paralelismo en la redacción, y a seguir resbalando con Jabonero.

     No contentos con ello, el diario Gestión resbala acrobáticamente al imprimirle una peor a don Mariano:
 "El mito del desarrollo de la educación a largo plazo fue desechado con las afirmaciones de Jabonero, ya que mencionó que hay evidencias por parte de la OECD y de la Unesco que países han logrado salir de sus rendimientos bajos en educación a niveles óptimos." [sic+sic+sic].
Y claro, que ya salimos todos del oscurantismo de la Edad Media europea es una gran novedad, si te llamas Perogrullo y regresaste de hibernar unas cuantas centurias. Pero, para quien vive en esta época, lo que sorprende más es que el diario peruano Gestión llegue al extremo de publicar que los plazos obligados de desarrollo de la educación son un "mito" y que lo que dice el Santillano de los Jabones va a la iglesia y punto. De hoy en adelante, estudiaremos primaria y secundaria en 2 años que don Mariano nos firma el diploma.

     Ahí no queda la cosa en la nota sin firma de periodista:
 "De esta manera, [Jabonero] confirmó que con la implementación de las TIC, los efectos en la calidad educativa del Perú se verían en tres o cuatro años." [4 veces sic].
Se olvidaron de decir a qué clase de efectos se verían y de definir la palabra implementación, que hasta los picnics domingueros se implementan.

     Aún hay más, Jabonero, embalado en la nota, lanza con total desparpajo:
 “Brasil, Polonia y Letonia son claros ejemplos de innovación tecnológica en instituciones educativas. Asimismo, Alemania solía tener resultados negativos en comprensión lectora, pero en seis años se logró convertir casi en un líder en tal campo” [5 veces sic].
Mientras no inventen otro método de cuantificación de resultados, tenemos que basarnos en los números, en este caso, del test PISA 2013. Bien pudo poner a Polonia en lugar de Alemania en su ejemplo, ya que los alumnos polacos tuvieron un puesto 14 en el PISA, encima del puesto 16 de Alemania, aunque ninguno de los dos países lidera nada en lo educativo. Y no sé a qué viene mencionar a Letonia -puesto 29- y Brasil -puesto 59- como ejemplos para el Perú que ocupa el puesto 66, el último de todos. Alguien que me diga desde cuándo las estrategias de desarrollo se basan en seguir los modelos de quienes tienen mediano o pésimo rendimiento. Quizás sea que los países asiáticos, que ocupan los 10 primeros puestos de PISA 2013, no entran a la casa de Jabonero, cuya comprensión lectora al parecer está muy por debajo de los quinceañeros de la OECD, que es la institución multinacional que ha creado el PISA.

     Ahora a lo alucinante, el diario de marras refiere:
 "Según Jabonero, nuestro país está cerca al promedio de los países de la OECD, y por encima de la media de América Latina." [10 veces sic],
borrando de un plumazo los resultados más catastróficos en la historia de la educación peruana. Los resultados de la prueba PISA, de OECD, del año 2013 lo confirman, somos coleros absolutos. ¿O es que don Mariano confundía Perú con España y su puesto 34, ocho por debajo del promedio OECD? Aunque la chuntan medianamente al mencionar a Singapur, Finlandia y Corea (asumo la sureña), es para jalar agua al molino de las bondades de las TIC, sin fundamento ni soporte, sólo santa palabra. Que la empresa Santillana se esté dedicando a vender productos enciclopédicos virtuales debe ser tan solo una feliz coincidencia.

     Si es verdad que:
 "Jabonero informó que los países con mejores resultados de América Latina necesitarán más de diez años para alcanzar la media de los países de la OECD, plazo de tiempo que supera los veinte años que necesitarían los países de la región con peores resultados",
entonces los 3 o 4 años de "efectos" sobre la educación peruana que prometió recuerdan a nuestros más folklóricos politiqueros. De pasada, Perú no es miembro de OECD ni muchas ganas muestra de serlo porque el tema va por el lado del desarrollo económico, muy lejano del crecimiento económico que tanto nos emociona aunque vaya a parar a otros pocos bolsillos.

     He dejado de leer prensa desde hace mucho para evitar ser acribillado por esta clase de publi-reportajes disfrazados de noticia. Por desgracia, ceder a la tentación y posar la vista como por descuido en un simple artículo ha demostrado ser potencialmente peligroso para la inteligencia y el sentido común. Pero, para verlo por el lado amable, mis alumnos de pensamiento crítico tienen en el diario Gestión una muy buena fuente de argumentos con pésima lógica para ejercitar su crítica, que ni a propósito. Gracias don Mariano de Santillana y Diario Gestión de las finanzas por el material idóneo para estudiar la idiocia argumentativa. Por lo menos así olvidamos por un momento que Santillana estuvo entre las empresas editoriales multadas por el regulador peruano INDECOPI por prácticas ilegales en la venta de sus libros en escuelas peruanas.

Publicado online: http://www.ellibrepensador.com/2014/09/26/gestion-de-jabonero/

11 febrero 2014

Dispositivos indispensables

     Corría el primero de febrero y era sábado, día de descanso para algunos y de guardar resaca para otros. Para mi era día de El Comercio, por lo de la revista Somos y los artículos interesantes que, muy de vez en cuando, publican. El ejemplar del primer fin de semana vino sin novedad en el frente, papel para reciclar de inmediato. Por su lado, las páginas principales del diario seguían buscando 99 pies al ciempiés con lo del fallo de La Haya, que triángulos marinos y terrestres, que el hito y la concordia, que todo les da vueltas, todo les da vueltas. Llegué a la página A14 donde publicaron un artículo, sin firma ni auspicio, con toda la credibilidad que puede tener el decano de la prensa peruana: "Estos dispositivos son indispensables para realizar las labores escolares y universitarias en la actualidad" refiriéndose a 5 aparatejos tecnológicos que recomiendan efusivamente, fotos y modelos incluídos, con frases deliciosamente mercaderas, mismo comercial pero sin logotipo.
     Vaya. Ahora deberemos adicionar este lote de artículos "obligados" a la larga lista de libros y cuadernos que los colegios obligan a comprar a las familias, habitantes de un país con ingreso mínimo legal de US$ 268 mensuales, para enrolar a sus retoños en otro año de la educación peruana, la peor del mundo (nunca olvidaré el resultado PISA). Para los anónimos expertos del decano de la prensa, libros, cuadernos, multimedia y Google dejaron de ser suficientes. Nuestros párvulos deberán ahora recurrir, según ellos, al uso de una laptop híbrida de US$ 1,800 para encontrarle el jugo a la vida de los seres, adicionar una tablet de US$ 600 para ser testigos de la formación de las galaxias, guardar sus más logrados retrueques literarios en una memoria USB Angry Birds de US$ 18, encontrar las coordenadas de sus sueños con un económico Smartphone de US$ 690, y rolar el plano paralelo de su imaginación con la ayuda indispensable de un scanner portátil de US$ 180. Total de los cinco imprescindibles aparatitos: US$ 3,288, o sea 12 sueldos mínimos, feliz coincidencia.

08 noviembre 2013

Perú y PISA, crónica de un desastre anunciado

vigilaperulambayeque.blogspot.com 
     Participaba en una capacitación para mejorar mi vena docente en aulas de uno de los tantos colegios que cargan el sambenito de tener nombre de santo en Perú y me enteré de la existencia de los exámenes PISA. No, no es Protocolo Internet Supra Androide ni es Periodismo Independiente del Sur Andino, no. Es una sigla que responde a Programme for International Student Assessment o Programa para Evaluación del Estudiante Internacional, aunque más veo la intención de los creadores del programa por el lado de la valoración, estimación, hasta tasación de las habilidades de un colegial para aplicar lo aprendido en aulas a su vida diaria. Pues bien, las miríadas de estudiantes que conozco no aplican lo que aprenden ni para liberar flatulencias decentemente, tarea que requiere la abstracción de múltiples variables, como pueden ser la presencia de inoportunos o el hedor corrosivo. Lo dicho, la abstracción que se requiere para desmenuzar conceptos básicos o complejos debe ser recorrida en sentido contrario para aplicar dichos conceptos, otra vez enteros, en acción en el mundo donde un acto mal calculado puede cometer estropicios realmente inimaginables: los inoportunos testigos buscarían oportunidades mucho más allá de nuestro alcance e interés, con la corrosión nasal marcada en sus nubladas miradas.

     Sin embargo, el ejemplo del pedo furtivo se me antoja demasiado sofisticado para lo que quiero presentar, permítanme recurrir entonces a la aritmética básica. De acuerdo a los resultados de la evaluación (o valoración o estimación) PISA del año 2009, mientras un estudiante chino deduce fácilmente cuánto le durará una propina mensual a cierta velocidad de gasto, un estudiante promedio peruano piensa cómo sacarle más plata a su viejo porque no tiene la más mínima idea en qué se gastó el dichoso dinero, que chico tan lindo y vivaracho. Y ni hablar de recurrir al álgebra, pues nuestro querido alumno dizque heredero de los Incas se aburre de lo lindo leyendo, que para éso se han hecho las letras, no para sustituir números, habrase visto. En concreto: que en la medición escolar mundial PISA los estudiantes peruanos de 15 años están en el sótano de los resultados, algo más abajo de las cacas de los caballos; que el año 2000 tuvimos el peor resultado de todos los 43 países participantes; que optamos por una tregua para prepararnos y el resultado del año 2009 terminó siendo igual de malo, de 327 a 370 puntos en lectura es un incremento casi vegetativo que nos aleja más de nuestros pares sudamericanos, sólo superamos a Azerbaijan y Kyrjyzstan y ellos ni enterados al otro lado del océano; que en matemática y ciencias sí somos los absolutos coleros mundiales. Aplicamos 9 años de educación vanguardista a la peruana con un resultado tan previsto como la crónica de la deyección anunciada que fue.

     Otra vez la polilla del fútbol revolotea alrededor de la lámpara de la competencia sudamericana con el Perú cerrando la tabla. Y como en el fútbol, nos encerramos en una especie de autarquía informativa elaborando estadísticas masoquistas de los "mejores" colegios y universidades peruanos, aún a sabiendas que somos los peores del mundo conocido, sabiendo que Azerbaijan y Kyrjyzstan son países nuevos en plena organización de todos sus poderes. Ni todos los autobombos de espaldas a la realidad, ni ningún pequeño atleta matemático excepcional que confirme la regla pueden iluminar la noche profusamente oscura en que medra el sistema educativo peruano. Esta época lóbrega en la formación de peruanitos marcada por el predominio de la escuela privada debe terminar y empezar el Estado peruano a replantar las bases perdidas hace 3 generaciones atrás. Los colegios estatales nunca debieron ceder la iniciativa en la producción de generaciones educadas en el Perú.

     Más aún, el Estado peruano nunca debió renunciar a formar académicamente a sus niños y jóvenes. Los pésimos resultados en la presente generación no pueden ser imputados exclusivamente a la educación estatal por dos razones básicas: (1) los peruanos en edad escolar estudian mayoritariamente en escuelas y colegios privados, aunque sea diminutos, que muchas veces conservan su alumnado acatando los pedidos desinformados de los padres de familia sólo por el hecho de ser clientes pagantes de cuotas y (2) basta una evaluación somera en la gran mayoría de universidades privadas del país para darse cuenta que los alumnos tienen un nivel de preparación deplorable en la mayoría de los casos, nivel arrastrado desde las escuelas privadas de donde son reclutados más por su capacidad de pago que por su habilidad académica.

     Habrá quienes no estén de acuerdo con mi opinión pero los hechos son sólidos e inequívocos para todos los que no somos directivos de escuelas privadas peruanas ni funcionarios del Ministerio de Educación del Perú. Cualquier maestro que tiene que lidiar con la disciplina escolar a través de interminables llamados y ruegos a las madres indolentes de alumnos voluntariamente incompetentes sabe de lo que hablo. Cualquier director de escuela que recurre a bajar el nivel de exámenes finales hasta que el 80% de sus alumnos apruebe sabe del tema. Cualquier jefe de personal de empresas nacionales o extranjeras que no encuentre profesionales peruanos idóneos para sus procesos administrativos o productivos sabe a qué me refiero.

     Chile es el país mejor clasificado en calidad educativa en Latino América y atiende decentemente al 90% de la población estudiantil en colegios estatales. Y menciono Chile para no irnos a ver los casos exitosos en Asia y Europa, aunque deberíamos. Al fin y al cabo, la educación de alta calidad es un ingrediente esencial para el desarrollo de los países y no podemos dejarla solamente al mercado privado, en donde prima la ganancia como elemento de supervivencia de las empresas educativas por encima de las reales necesidades de sus alumnos. La gran deuda de todos los gobiernos peruanos desde los años 70 es proveer a sus niños y jóvenes una educación de calidad que compita con los magros resultados de las "mejores" instituciones educativas privadas de la nación.

28 septiembre 2013

El Buen Maestro (2)

Entro al amplio patio del Colegio Casuarinas en Lima, rodeado de verdes exquisitamente controlados que hacen juego y contraste con la refinada imitación de piedra de los muros, y me encuentro con toda la audiencia asistente a los talleres de capacitación del Bachillerato Internacional®, todos miembros de la élite de Colegios del Mundo del IB® creada con la precisión de un Swatch® y un toque finamente amargo de un Toblerone® a las orillas del lago de Ginebra. Me encuentro con la crema y nata de la docencia del Bachillerato Internacional® en el Perú, orgullosos operadores de una de las franquicias más exitosas en el mundo de la educación alrededor del globo. Casi todos con efluvios de spa, enfundados en Banana Republic® y Converse®. Varios de ellos importados de latitudes muy al norte de la línea ecuatorial y exhibiendo un bronceado de Stee Lauder® o de playas del sur. Algunos otros grupos, pequeños y convenientemente enrazimados en mesas tácitamente separadas, contrastan por el matiz de su piel que revela el verano de la calle limeña peatonal, toda irradiada de ultravioleta por encima del nivel 12.

 El ambiente no puede ser más adecuado para la escucha de las nuevas tendencias educativas adicionadas por el Bachillerato Internacional® a su programa global para su aplicación inmediata en los Colegios del Mundo del IB® domésticos, quizá así nuestros Andes se cubran del blanco níveo de los más nórdicos Alpes. Quizá bajo el formato globalizado suizo (¿®?) las cosas mejoren en las cúspides de la educación privada peruana, una vez que los docentes, fieles a los dogmas internacionales del IB® lo acaten. En lo que a enseñanza de idiomas extranjeros se refiere, deben reverenciar:

… que sus alumnos puedan referirse a su propia cultura y geografía, desterradas hasta ahora por no tener al inglés como lengua madre o tía (novedad que todos los teachers vienen aplicando hace décadas),

… que sus alumnos dejen de hacer riesgosas réplicas personales a textos estímulo y se puedan abocar de lleno a la mera crítica de la producción  anglosajona más políticamente correcta (pues el análisis literario registrado cual Perogrullo no crea "incómodas" controversias),

… que sus alumnos puedan ahora usar fotografías para demostrar sus habilidades descriptivas y deductivas (cualquier parecido a  exámenes internacionales del pueblo de Cambridge es una simple coincidencia),

… que sus profesores, perdón, que los profesores en las planillas de los Colegios del Mundo del IB® y al servicio del Bachillerato Internacional® (que no posee planilla docente) deberán cumplir sin dilación con las nuevas encíclicas docentes del IB®, sin olvidarse de enviar los resultados a la central suiza para empezar la base de datos de la internacionalmente ® franquiciante (que tampoco posee colegios propios).

Castillo de Frankenstein
 Y no quiero recordar las otras muchas directrices que impartieron en tres larguísimos días. Los botones de muestra que les he relatado me confirmaron que el Bachillerato Internacional® es todavía una franquicia en proceso de construcción influenciado por el magro estilo arquitectónico de su vecina ciudad alemana de Darmstadt y su afamado Castillo de Frankenstein. Por alguna razón que subyace en las profundidades meta-cognitivas de mi mente, este seminario de actualización de la educación tipo suizo me remitió mentalmente, quizás por correlación sistémica, a las globalizadas capacitaciones tipo mozzarella de Pizza Hut®. Tantos ingredientes, tantas pizzas.

22 septiembre 2013

El Buen Maestro

— El director quiere hablar con usted el viernes a las cuatro ¿puede venir?

La voz al otro lado del teléfono se me antojó la de una mujer detrás de un pequeño escritorio atiborrado de papeles, sellos, y una flor al lado de la foto de su hijo. Respondí que no por automatismo instintivo, quizás porque hasta hoy no me acostumbro a que cualquier mortal pueda interrumpir lo que yo esté haciendo (rascarme la panza, por ejemplo) para imponerme sus urgencias u obligaciones. Pero terminé aceptando la cita, pues (uno) el día y la hora me caían de perillas y (dos) el asunto pintaba como una entrevista de trabajo algo tardía, pues el director representado por la voz femenina en mi teléfono dirigía el colegio donde venía yo dictando algunas clases de preparación para exámenes internacionales de factura inglesa. Y fui.

Me vio cuando llegué cinco minutos antes de la hora pactada, pero me hizo tragar el consabido tiempo de espera que cualquier director de escuela que se respete debe hacer acatar. Considerando el tamaño de la escuela, los diez minutos de espera innecesaria fueron proporcionales a sus casi 350 alumnos reunidos en lo que alguna vez fue la cómoda residencia diplomática del representante de algún país de frontera múltiple en Asia. Transcurrido el tiempo de antecámara, que utilicé para familiarizarme con el recinto de vetustas paredes cubiertas de diplomas, logré ingresar a lo que alguna vez pudo haber sido la sala de recibo o estudio de la casa, con chimenea en desuso incluida. Reconocí al personaje con pinta de párroco de provincia, con su curva ventral de reglamento, que ya había visto deambulando con ojo avizor por el pequeño patio multi-propósito del colegio.

La conversación pintó agradable al principio gracias a que mi interlocutor no mostró mucha convicción al tratar de insuflarle el cariz de entrevista de trabajo. Estaba claro que ninguno de los dos estaba muy interesado en tornar el diálogo en una formalidad institucional. Él por su visible aburrimiento de enésima entrevista repetida y yo por mi casi nulo interés por hacerme cargo de grupos de escolares a quienes les importa un bledo el constructivismo o la mayéutica. Así, aunque nuestra conversación debió transcurrir alrededor de las preguntas recomendadas por los gurús de los recursos humanos, nos dimos maña para desarrollar temas de viajes, turismo al volante, y profesiones alejadas de la docencia. Hasta que mi enterado interlocutor tuvo que hacer su monólogo descriptivo de la enseñanza escolar, su condición de director de escuela lo exigía.

— Ser profesor de colegio es una forma de vida— me espetó en plena cara, sin transición previa.

— Al ser profesor de colegio te conviertes en parte de la familia de los alumnos que ves pasar desde que son pequeños hasta que terminan la secundaria— agregó y aspiró todo el aire que su profundidad filosófica le permitía.

Apoyé el mentón en la palma de la mano izquierda, tomé nota mentalmente que había olvidado afeitarme para la ocasión, y me apresté a escuchar con genuino interés creado por el tono confesional que el asunto había tomado. Habló largamente acerca de la poca utilidad que los conocimientos instruidos en aula tienen para la vida adulta de los alumnos y de la perentoria responsabilidad social de las escuelas para fijar valores -esgrimió el verbo inculcar dos veces y salpicó un pequeño charco de ejemplos ilustrativos.

Describió un futuro donde los profesores no hacen dinero suficiente para un retiro decente ni donde tampoco tienen más recompensas que ver egresar año tras año a un grupo de adolescentes enfrascados en sí mismos. Grupo tras grupo de egresados, el mismo año multiplicado por ene veces. No pude colegir, discúlpenme la estrechez, si el aporte de la escuela va más allá de atestiguar el crecimiento natural de los seres vivos egresados de sus aulas, ya que la inutilidad de los conocimientos había ya quedado zanjada en la alocución previa.

Mi aporte al coloquio monologal fue enfilar  contra el paupérrimo nivel académico de un estudiante universitario promedio que puebla las universidades privadas peruanas hoy en día. Sin poder contener el vómito confesional, tuve el desparpajo de afirmar que dichas universidades habían ido bajando sus exigencias académicas hasta convertirse en una extensión de los colegios donde la instrucción de conocimientos, estaba bastante claro, no sirve para la vida adulta de los párvulos. Después de regurgitar aquellas ideas iniciales, dejé de rumiar mis ideas pues intuí que tocaba un punto sensible en la filosofía de vida del director sentado frente a mí, quizás de todos los directores del país. Filosofía que, seguí intuyendo, lo motivaba en su lucha desigual contra la incomprensión de los padres mayoritariamente sobreprotectores, de los alumnos insolentemente sobreprotegidos, y de los burócratas ministeriales que justifican sus escritorios plagiando planes educativos de otros países.

Hasta hoy abrigo la esperanza de haberme callado a tiempo para no debilitar con cuatro tetudas frases la cápsula de justificación que cubre la frustración inherente al profesor escolar de estos tiempos. Callé para no hacerle notar su condición de hoja al viento soplado por el facilismo y pragmatismo ignorante que marcan esta época. Confío haberme callado a tiempo porque, después de todo, me había caído en gracia el director con pinta de algún cura de mi pueblo natal, que, además compartía mi afición por las largas rutas de bosques, de montañas nevadas y de tradiciones perdidas.

23 junio 2013

Un director de escuela

"El director quiere hablar con usted el viernes a las cuatro ¿puede venir?" me preguntó una voz de mujer al otro lado del celular lleno de inútiles teclas y aplicaciones que solo uso para hacer y recibir llamadas. Primero respondí que no porque, en el fondo, hasta hoy no me acostumbro a que cualquier mortal pueda interrumpir lo que yo esté haciendo -rascarme la panza, por ejemplo- para imponerme sus urgencias u obligaciones. Pero acepté ir porque, en realidad, era un buen día y mejor hora para lo que parecía ser una entrevista de trabajo tardía, pues el director representado por la voz femenina en mi teléfono dirigía el colegio donde venía yo dictando algunas clases de preparación para exámenes internacionales de factura inglesa. Y fui.

Me vio cuando llegué cinco minutos antes de la hora pactada, pero me hizo pasar por el consabido tiempo de espera que cualquier director de escuela debe hacer respetar a quienes hacen antecámara para conversar con ellos. Considerando el tamaño de la escuela, los diez minutos de espera fueron proporcionales a sus casi 350 alumnos reunidos en lo que alguna vez fue una cómoda residencia de techo a dos aguas y pisos de madera, suficientemente amplia para una familia acomodada de cuando el barrio donde está ubicada producía alimentos de pan llevar. Transcurrido ese tiempo, en el que paseé en un recinto de vetustas paredes cubiertas de diplomas ganados por el colegio por participar en eventos de otros colegios, me hicieron pasar a lo que alguna vez pudo haber sido la sala de recibo o estudio de la casa, con chimenea en desuso incluida, y reconocí al personaje con pinta de párroco de pueblo, curva ventral incluida, que ya había visto deambulando con ojo avizor por el pequeño patio multi-propósito del colegio.

La conversación fue agradable debido quizá a que mi interlocutor no mostró mucha convicción al tratar de insuflarle el cariz de entrevista de trabajo. Estaba claro que ninguno de los dos estaba muy interesado en formalizar el diálogo. Él por su visible aburrimiento de enésima entrevista repetida y yo por mi casi nulo interés por hacerme cargo de grupos de escolares a quienes les importa un bledo el constructivismo o la mayéutica que alguna vez traté de filtrar entre sus imágenes mentales cargadas de video-juegos, video-sexo y video-violencia. Así, aunque nuestra conversación debió transcurrir alrededor de las preguntas recomendadas por los gurús de los recursos humanos, nos dimos maña para desarrollar temas de viajes, turismo al volante y profesiones. Hasta que llegó el punto en que mi enterado interlocutor hizo un monólogo descriptivo de la docencia escolar, su condición de director de escuela lo facultaba a ello.

"Ser profesor de colegio es una forma de vida. Al ser profesor de colegio te conviertes en parte de la familia de los alumnos que ves pasar desde que son pequeños hasta que terminan la secundaria" dijo a modo de introducción. Supe entonces que me hallaba a puertas del conocimiento práctico, quizá filosófico, de la vida de un profesor de escuela privada en el Perú. Apoyé el mentón en la palma de la mano izquierda, tomé nota mentalmente que me había olvidado de afeitarme para la ocasión y me apresté a escuchar con genuino interés creado por el tono confesional que el asunto había tomado. Habló acerca de la poca utilidad que los conocimientos tienen para la vida adulta de los alumnos y de la perentoria responsabilidad social de las escuelas para fijar valores -creo que el verbo inculcar fue usado. Describió un mundo donde los profesores nunca hacen dinero suficiente para un retiro decente ni tampoco pueden tener más recompensas que ver egresar anualmente del colegio a grupos de niños convertidos en adolescentes -no pude colegir, discúlpenme, el aporte de la escuela más allá del crecimiento natural de los seres vivos egresados de sus aulas, ya que la inutilidad de los conocimientos había ya quedado zanjada en la alocución y mi mente se negaba a quitarle a mi familia el mérito de imbuir valores. Al final disertó acerca de la docencia de sacrificio cargado de apoyo a los alumnos y sus familias, seres en formación ávidos de valoración todos ellos al fin.

Mi aporte a la mutua confesión fue explicarme en voz alta el paupérrimo nivel académico y actitudinal -algo sé de la jerga docente- de los estudiantes universitarios que pueblan las universidades privadas peruanas hoy en día. Continué, sin poder contener el vómito confesional, afirmando que dichas universidades habían ido bajando sus exigencias académicas hasta casi convertirse en una extensión de los colegios donde los conocimientos, estaba claro, no sirven para la vida adulta. Después de regurgitar aquellas ideas, cerré la boca pues intuí que tocaba un punto sensible de la filosofía de vida del director sentado frente a mí, y de todos los directores del Perú. Filosofía que, seguí intuyendo, motivaba su afán de lucha desigual contra la incomprensión de los padres sobreprotectores -que son la inmensa mayoría-, de los alumnos insolentes -que son todos los sobreprotegidos-, y de los burócratas ministeriales -que son los que plagian planes educativos de países desarrollados.

Intuí que había logrado callarme a tiempo para no destruir con otras cuatro frases la cápsula de justificación que cubría su frustración, inherente al profesor escolar de estos tiempos. Callé para no hacerle notar su condición de hoja al viento que exhalan quienes vienen construyendo una sociedad cargada de facilismo y pragmatismo exento de conocimiento auténtico y olvidado de valores legítimos. Aún cuando la intuición no es una de mis virtudes, logré callarme a tiempo porque, después de todo, me había caído en gracia el director con pinta de algún cura de mi pueblo natal, quizá porque compartía mi afición por manejar largas rutas de bosques, nevados y tradiciones perdidas.

28 abril 2013

La Clase Modelo

Empezó la presentación enmarcando su voz con una dentadura perfectamente profesional y haciéndonos saber lo que ellos tenían para nosotros los profesores que, sentados en ansiosos racimos en la larga sala de conferencias, esperábamos acepten entráramos a sus salones a enseñar un idioma extranjero. Empezó y la presentadora nos decía que habíamos acertado al buscar ser maestros a tiempo parcial, que era una gran decisión renunciar a la posibilidad de vacaciones en nuestras vidas, que mostrábamos sabiduría al escoger un salario de US$ 7 la hora. Continuó la charla y otra presentadora, con la misma sonrisa congelada en la cara, nos señalaba la puerta de salida en caso no pudiéramos sostener la alegría aún cuando nos doliera el alma, en caso no pudiéramos contener algún reclamo, en caso quisiéramos un aumento, o en caso nos vistiéramos sin saco y corbata.
Al cabo de algunas horas, finalizó la presentación y todos los profesores que, sentados en ordenadas filas en la larga sala de conferencias, nos aprestábamos a irnos a casa sembrados de ideas sonrientes, con el compromiso de regresar a mostrar el retoño que abonaríamos con nuestra aceptación de las cosas como son, porque así son las cosas en la educación.
Al día siguiente, todos retoñamos nuestra clase modelo. Algunos de nosotros, carifelices y concentrados, mostramos pequeñas enredaderas que se fueron prendiendo de cada ventana que ellos abrieron para tal fin, siguieron las reglas y les permitieron prenderse de la ventana final ansiada, casi todos. Algunos de los otros, orgullosos e inspirados, dejamos ver florecillas de pistilos multicolores y pétalos traslúcidos bailando al son de una música inaudita en esas paredes, que conservaron todas sus ventanas cerradas, para todos.
De vuelta en las calles, sentí que había hecho lo que esta vocación cantaba dentro de mi, sentí que había convertido la gris semilla corporativa en un retoño polícromo y en armonía con la vida. Sentí miedo al desempleo.

24 febrero 2013

Colegios del Mundo del IB®

Entro al amplio patio del Colegio Casuarinas en Lima, rodeado de verdes exquisitamente controlados que hacen juego y contraste con la refinada imitación de piedra de los muros, y me encuentro con toda la audiencia asistente a los talleres de capacitación del Bachillerato Internacional®, todos miembros de la élite de Colegios del Mundo del IB® creada con la precisión de un Swatch® y un toque finamente amargo de un Toblerone® a las orillas del lago de Ginebra. Me encuentro con la crema y nata de la docencia del Bachillerato Internacional® en el Perú, orgullosos operadores de una de las franquicias más exitosas en el mundo de la educación alrededor del globo. Casi todos con efluvios de spa, enfundados en Banana Republic® y Converse®. Varios de ellos importados de latitudes muy al norte de la línea ecuatorial y exhibiendo un bronceado de Stee Lauder® o de playas del sur. Algunos grupos, pequeños y convenientemente enrazimados en mesas tácitamente separadas, contrastan por el matiz de su piel que revela el verano de la calle limeña irradiada de ultravioleta por encima del nivel 12. El ambiente no puede ser más adecuado para la escucha de las nuevas tendencias educativas adicionadas por el Bachillerato Internacional® a su programa global para su aplicación inmediata en los Colegios del Mundo del IB® domésticos, a ver si nuestros Andes se vuelven a cubrir del blanco níveo de los nórdicos Alpes.

A ver si a partir de este año las cosas mejoran en las cúspides de la educación peruana, permitiendo, bajo el formato suizo (¿®?), que los docentes de idiomas fieles a los dogmas internacionales del IB® permitan, por fin, que sus alumnos puedan referirse a su propia cultura, desterrada hasta ahora por no tener al inglés como lengua madre. Que sus alumnos dejen de hacer riesgosas réplicas personales a estímulos cuidadosamente seleccionados y se puedan abocar sin distracciones al análisis profundamente abstracto de realidades sólo existentes en la imaginación literaria anglosajona más políticamente correcta per sécula seculorum (hablo desde la Sudamérica del Perú y su apego a lo inglés por practicidad o esnovismo, el planteamiento es idéntico para otras combinaciones de cultura-idioma extranjero alrededor del mundo, la corrección política debe conservarse mientras que sólo varían los idiomas y culturas involucrados). Que sus alumnos ahora deben tener fotografías como estímulo para demostrar sus habilidades lingüísticas, cualquier parecido a añejos exámenes internacionales ingleses es una simple coincidencia. Que sus profesores, perdón, que los profesores en la planilla de los Colegios del Mundo del IB® y al servicio del Bachillerato Internacional® (que no posee planilla docente) deberán cumplir sin dilación con las nuevas encíclicas docentes del IB®. Vaya, por alguna razón, que subyace en las profundidades meta-cognitivas de mi mente, estos franquiciadores de la educación me hicieron recordar años mozos de capacitaciones de medio tiempo de Pizza Hut® antes de salir a atender mesas, tantas pizzas, tantas pastas.

21 julio 2012

SaberesCompartidos.pe


  Me topé con la nueva página web de la Universidad del Pacífico donde afirman compartir amplios saberes producto de 50 años de experiencia en aulas; quizás podrían ser muchos saberes, pensé, y decidí acomodarme lo mejor que pude en mi silla y obtener el punto de vista iluminado acerca del precio del agua. Lo digo sin sarcasmo, pues la universidad editora del artículo es reputada en el Perú y siempre provoca altas expectativas. Para mi sorpresa, la investigadora que escribía el artículo usaba técnicas de escritura extrañamente parecidas a una tarea escolar, incluyendo un gráfico de barras y sus consabidas verdades de Perogrullo, algo así como "en lo lleno no hay vacío". Bueno, dije, pasa y sigue,  otros serán sus talentos. Busqué hacerle un comentario, esperaba sabihondo de mi parte, y, oh sorpresa, la página web no permitía comentarios de lectores. Vaya. Condenarse a sí mismo al obligado ostracismo característico de una revista impresa en papel cuando se puede interactuar con el inmenso mundo virtual no puede ser un saber aprendido en medio siglo de experiencia. Al menos yo me niego a aceptarlo. Mientras que una revista impresa recurre a la publicación de algunas cartas de sus lectores, una página web diseñada en forma de monólogo nos sugiere menosprecio por la inteligencia, y saberes, de sus lectores; los mismos que podrían enriquecer los contenidos de la página. Se me antojan dos posibilidades a modo de explicación de tamaña afrenta a los que sí gustamos compartir nuestras ideas para crear o enriquecer una corriente de opinión: (1) se olvidaron de la opinión de sus lectores o (2) sintieron temor de la crítica abierta de los mismos, que a veces puede ser negativa. Si es la primera, aún están a tiempo de corregir ese error de alumno de primer ciclo de instituto de computación. Sin embargo, si es la  segunda, estamos ante un caso de investigadores que gustan del sonido de su propia voz leyendo monografías de estudios generales, práctica de quienes aún viven en el medioevo del saber.

14 marzo 2012

Lo académicamente peruano

Nos ufanamos desde hace algún tiempo de nuestra estabilidad económica y no nos falta asidero, en tanto que los precios de productos mineros se mantengan con la barriga henchida. Aunque la locomotora comunista-corporativa china haya anunciado una desaceleración de su marcha este año, nadie ve motivos para preocuparse mucho, más aún cuando contamos con un colchón que el ministro Castilla defiende celosamente, como queriendo contradecir a su antecesor presidente que pedía presupuesto para sus obras con el famoso "Debe - Haber Dinero".

Sin embargo, seguimos hipotecando el futuro al no formar académicamente y tecnológicamente a nuestros jóvenes. Preocupa ver cuán incompetentes pueden llegar a ser mis compatriotas en muchas de sus empresas, o emprendimientos como dicen los huachafos ahora. Es impresionante ver cómo pueden complicar sencillos procedimientos hasta desfigurarlos y perder el verdadero objetivo. Esta semana he vuelto a las aulas y he sido testigo de las idas y venidas de un grupo de profesionales de una reputada universidad privada de Lima tratando de coordinar la organización de unos cuantos cursos de idiomas en un par de colegios. Aún siguen dando vueltas, y seguirán dándolas, sin haber conseguido que ni los alumnos ni los profesores tengan un texto ni tecnología educativa mínima en aulas, ni hablar de materiales adicionales de refuerzo.

Seamos francos, los coordinadores universitarios que menciono no tienen la culpa de sus estrambóticos círculos fallidos alrededor de su esquiva meta. Tampoco son culpables los miembros de la oficialidad mayor de la Policía Nacional de su fracaso en la seguridad ciudadana. Ni hablar de los docentes al mando del Ministerio de Educación y la peor educación pública y privada de Latino América de todos los tiempos. No creo necesario mencionar a los profesionales que manejan los hilos del Ministerio de Energía y Minas y su rutilante descalabro en la pequeña minería. Nadie a cargo de algún campo de nuestra sociedad puede ser inculpado.

No podemos culpar a ningún peruano por una sencilla razón: el Perú nunca ha preparado a ninguno de sus ciudadanos como política de estado, ni parece tener la más mínima intención de hacerlo en el corto o mediano plazo. No hablo de la seudo preparación que reciben la mayoría de los profesionales de este país en las mil y una universidades privadas y sus promesas de doble titulación, bilingüismo, y otras maravillas que no pasan de ser palabras. Hablo de una preparación universitaria de nivel internacional que tenga metas de estado, ya sea en una universidad privada o estatal, que apunten a las necesidades de desarrollo del Perú y no a la mera búsqueda de cartones con títulos tan rimbombantes como inútiles. Y es que, en estos tiempos, si hay peruanos que sobresalen en uno u otro campo, casi invariablemente, se debe a que otro país los acogió como suyo dentro sus programas de desarrollo humano en marcha.

Nos ufanamos de nuestro crecimiento en ventas internacionales de materias primas, pero no hallamos la humildad para reconocer nuestra condición cultural de ciudadanos del cuarto mundo. Somos un país de ingresos medios con una de las peores distribuciones de la riqueza y ninguna conciencia de nuestra enraizada africanización.

06 marzo 2012

Ambiciones Pospuestas

Adilmer García no es famoso ni tiene muchas posibilidades de serlo nunca. Aunque debería serlo bajo los nuevos cánones de la fama fácil y casi gratuita que ahora proviene de los hechos fortuitos de la prensa y la condición de haber nacido. Adilmer cumplió con la condición de haber nacido y fue el foco de atención de una sección de la revista Finanzas & Desarrollo, órgano de prensa del Fondo Monetario Internacional que se publica cada tres meses en todo el mundo. Lástima que la fama en nuestros tiempos se obtiene con relativa facilidad con una publicación al borde de lo obsceno en un tabloide de 50 céntimos o con algún vídeo estrambótico compartido en YouTube. Lo cierto es que la mencionada revista, con una credibilidad más allá de lo que El Comercio puede soñar, publicó una entrevista a Adilmer en su edición de este mes de marzo 2012.
Podemos ver en la foto que publica la misma revista F&D que Adilmer representa, sin lugar a dudas, a la media de la juventud actual del Perú. Nos guste o no, estamos siendo testigos de cómo la sociedad peruana nuevamente está desperdiciando a toda otra generación al dejarla fuera de la posibilidad de educarse para lograr sus objetivos, por ende, nuestros objetivos.

01 junio 2011

El Estado peruano nunca debió renunciar a educar a sus niños y jóvenes.

El Perú aún se encuentra entre los peores en el ranking de calidad educativa en nuestro continente y el mundo. Ninguna novedad desde hace algunos años y muy sugerente que en el recuento de los logros del gobierno saliente no se menciona el asunto de calidad educativa, por lo menos no a través de medios de comunicación masivos que cubren las mil y un inauguraciones que los funcionarios gubernamentales en este país monta aunque sea para poner la primera piedra del kiosko de información turística de Capacmarca.
No quiero revisar aburridos números, pero es un hecho que estamos entre los peores y nos va a costar años e inversión para revertirlo. Pero creo firmemente que debemos realizar un mea culpa de por qué hemos tocado fondo en esta generación aún cuando tenemos casos aislados de estudiantes ganadores de concursos internacionales de matemáticas.
El Estado peruano nunca debió renunciar a educar a sus niños y jóvenes. Los pésimos resultados académicos en la presente generación no pueden ser sólo imputados alegremente a la educación estatal por dos razones básicas: (1) los peruanos en edad escolar estudian mayoritariamente en escuelas y colegios privados -que muchas veces conservan su alumnado acatando los deseos de los padres de familia y (2) basta una evaluación somera en la gran mayoría de universidades privadas del país para darse cuenta que los alumnos tienen un nivel de conocimientos deplorable en la mayoría de los casos, incluyendo los reclutados desde 5to de secundaria.
Puede, y debe, haber gente que no esté de acuerdo con mi opinión pero los hechos son sólidos e inequívocos para todos los que no somos ni directivos de escuelas privadas ni funcionarios del Ministerio de Educación. Cualquier profesora que tiene que lidiar con disciplina escolar a través de interminables llamados y ruegos a las madres de alumnos voluntariamente incompetentes, en lugar de aplicar códigos básicos de conducta, o el maestro que debe bajar el nivel de exámenes hasta que el 80% de los alumnos apruebe, sabe de lo que hablo. Cualquier jefe de personal de empresas privadas que no encuentre profesionales idóneos para sus procesos administrativos o productivos porque los bien preparados son muy pocos, sabe a qué me refiero.
No debe tampoco dejar de llamar la atención que Chile es el país mejor clasificado en calidad educativa (según los tests PISA de OCDE) en Latinoamérica ya que en ese país el 90% de los estudiantes asisten a escuelas y colegios estatales. Y menciono Chile para no irnos a ver los casos exitosos en Asia y Europa, aunque deberíamos. Al fin y al cabo, la educación de alta calidad es un ingrediente esencial para el desarrollo de los países y no podemos dejarla solamente al mercado privado, en donde prima la ganancia como elemento de supervivencia de las empresas educativas por encima de las reales necesidades de los alumnos. La gran deuda de todos los gobiernos desde los años 80 es proveer a sus niños y jóvenes una educación de calidad que compita con los mejores colegios privados de la nación.