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27 septiembre 2021

La minería: viviendo bajo el cobijo del mineral

Que la defensa de la ecología haya sido puesta sobre la montura de varios partidos de izquierda, no quiere decir que la anti contaminación minera sea tema exclusivo del espectro político progresista. Menos en un país minero como lo es el Perú. Primero, porque no son pocos los partidos políticos de centro derecha —incluso conservadores a rajatabla— que rescatan también la lucha contra la contaminación ambiental. Y segundo, porque —más allá de la política— la degradación por extracción de minerales de las tierras que cultivamos y aguas que bebemos es un tema que nos pone a los humanos en la encrucijada de decidir entre comprar productos orgánicos de regiones impolutas (sí, los más caros en las góndolas del mercado) o seguir comiendo los alimentos que encontramos a precios más razonables (que fueron cosechados de tierras bañadas de metales pesados en mayor o menor grado). Si no necesitas pensártelo y decides ir por la alternativa costosa, es probable que seas creyente involuntario de la gran mentira del control ideológico y político del debate sobre la reducción-supresión de los efectos contaminantes que conllevan los procesos cuasiobsoletos de extracción de minerales de bajo costo que se permiten en el Perú.

     Mi mantra sobre la minería ilegal, y su megahermana formal, se inició durante un viaje de retorno temporal a los paisajes serranos que han acicateado mis nostalgias desde que dejé atrás a Cajabamba, la provincia al extremo sureste de la Cajamarca donde me crié. Conocí la minería en su versión más dura, la ilegal, la que se trepó a los campos con un pico entre los dientes para bañar de químicos tóxicos las laderas que se levantan sobre uno de los costados del Valle de Condebamba, una de las despensas de Cajabamba. Las manchas de campamentos hechos de casitas de plástico azul sobresalían en el paisaje color tierra muerta, otrora verde. El choque emocional de ver a la tierra que conservaba idílica en mis recuerdos me llevó a escribir varias catarsis frustradas. No he dejado de desarrollar el tema, pasando de la primigenia extracción mercuriosa e ilegal hasta la actual formalidad minera del oro epitermal operado en tajo abierto por una operadora en portafolio financiero: Stracon GyM, por encargo de una principal minera de plata: Panamerican Silver. No llegué a este tema empresarial-ecológico con ideas preconcebidas, sino por pura nostalgia, por lo del cualquier tiempo pasado fue mejor, y seguirá siendo mejor ese tiempo en mi mente mientra tenga que añorar los paisajes de mi pueblo hasta pasado el 2028, que es hasta cuando dizque habrá oro en la mina-cráter; si no amplían la extracción con flotación de sulfuros, al estilo Yanacocha en Cajamarca.

      Por si esta afrenta al pasado fuera poco, vivo desde hace mucho en el borde Este de la Gran Lima; naturalmente consideraba —al igual que muchísimos residentes de la capital del Perú— que la contaminación minera era un problema lejano, rural, provinciano. Hasta que en un corto viaje en taxi a Chosica (ciudad algo más al Este de mi urbanización cerreña), me enteré de que la minería ilegal de oro florecía en una zona llamada Quebrada California, en Chaclacayo, y otros lugares cercanos. El taxista informante lo sabía porque él mismo había trabajado temporalmente en uno de los «emprendimientos» extractivos ilegales de la zona. No pude llegar al lugar de los delitos, para ser testigo in situ, por los resguardos que suelen apostarse en las inmediaciones de los asientos mineros informales (no les place las miradas curiosas, menos las cámaras), pero sí hay registro de múltiples intervenciones fiscales y policiales. Pueden ver una muestra en el video del enlace https://www.youtube.com/watch?v=iKxgJKdQNrY (cortesía de Willax Televisión).

      Y otro caso, más grande aún: a 70 kilómetros de casa (así entre paréntesis: los limeños recorren 98 kilómetros para relajarse en las playas del sur, y 98 kilómetros de regreso a casa, el mismo día), a 70 kilómetros decía, puedes encontrar uno de los 17 puntos de acumulación de relaves mineros (según RAE, «Relave: Ingen. En minería, partículas de mineral que el agua del lave arrastra y mezcla con el barro estéril, y que para ser aprovechadas necesitan un nuevo lave.»), uno de los 17 relaves que existen al borde del Río Rímac, el mismo río del que Lima acopia mucha de su agua potable acopiándola en la Planta de Tratamiento de la Atarjea. El relave fue retirado parcialmente —gracias a una orden resolutiva ministerial del 2012— por la entonces empresa propietaria de la Mina Coricancha en la falda del Cerro Tamboraque (la empresa belga-australiana Nyrstar, que ya vendió a la canadiense Great Panther Mining). Aún quedan 300,000 toneladas de relave en el mismo lugar colgadas a la vera del río, puedes verlas como atractivo turístico cualquier día, de paso que me visitas. O puedes descargar el Informe Técnico del caso en: https://bit.ly/3CT7HyK.

      Y permíteme la del estribo: la empresa proveedora de agua potable para Lima Metropolitana (y un colectivo ciudadano) tiene proceso judicial en curso para lograr la suspensión del proyecto minero Ariana, propiedad de Southern Peaks Mining. El proyecto, aún en construcción, está ubicado en las alturas de la Región Junín, al lado de la bocatoma del Túnel Transandino: el único que trasvasa agua de la cuenca del Atlántico hacia la costa del Pacífico y que aporta el 62% de la reserva de agua de Lima para potabilización durante épocas de estiaje. Las gerencias de Minera Ariana anunciaron hace poco que aumentarán su inversión en unos milloncitos más para acelerar la construcción de su mina justo al borde de la laguna que da de beber a gran parte de la capital del Perú.

      Es muy probable que en cualquier urbe peruana —aún sin ser producto de la actividad minera— también haya asientos mineros metálicos que vienen siendo explorados o explotados, a la diabla o a la maquinaria, de los que los vecinos no tienen ni la más remota idea de su existencia. Peor todavía, no les importa. Y es probable que a nadie le importe, aunque debería. Y es que he aquí una nueva encrucijada: o nos metemos todos a trabajar en minería y anexos (al fin y al cabo, todas las otras industrias que colinden con el asiento minero que nos reclute colapsará por efectos de los procesos extractivos baratos y anticuados de muchísimas minas). O —grande y excluyente O—  aceptamos sin chistar el perjuicio minero sin hablar de él —que a los tabúes hay que mantenerlos en claustros oscuros— y accedemos a vivir con el problema latente por obligación auto impuesta a cambio del progreso idealizado.

     Y no es que en el Perú vivamos en dictadura, o que haya una fuerza física o moral que nos obligue a aceptar dosis de veneno metálico a diario. No es que haya algún llamado de la madre patria ni de ninguna raza ancestral. Sólo somos nosotros, nosotros solos. Nosotros somos los que autoejercemos una autocracia tácita y callada dejando hacer, dejando pasar los daños que la minería de bajo costo hace con anuencia legal de nuestro país. Nosotros somos los que miramos con aburrida indiferencia cómo los gobiernos se turnan en la promulgación de nuevas leyes que ablandan las exigencias ambientales que solían protegernos parcialmente (como la ley de promoción y dinamización de la inversión Nº 30230 del 2014 en el Perú). Nosotros somos los que nos enlodamos en interminables discusiones sobre las supuestas coloraciones políticas de los defensores y los detractores de la minería. Nosotros somos los que hacemos nada por detener el flujo de metales pesados sobre nuestras cosechas y aguas. Nosotros somos los embobados.

03 enero 2015

Cronología reciente de la "minería artesanal"

     Allá por el 2013, tuve la ligereza, aunque con algunas reticencias, de celebrar en mi blog la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental de Minera Sulliden en Cajabamba (ver http://goo.gl/wwureE). Ligereza digo porque desde entonces mucha agua no ha corrido bajo el puente. Los personajes que actúan en ese pequeño depósito andino de oro siguen siendo los mismos: Sulliden Shahuindo y su anuncio ya rancio de las etapas ejecutadas de formalización y construcción previas a la producción, y su gran disgusto de tener que esperar a que el precio internacional del oro se dispare otra vez y así poder ofrecer la venta de la concesión a alguna empresa minera real que sí quiera, y pueda, arrancar el oro de la tierra; los pobladores de la zona comiendo las mismas ansias por posibles negocios con la minera de turno, indiferentes a los efectos que la futura producción pueda causar en su tierra, su agua o su aire; y los mineros ilegales en franco proceso de emigración ahora que se acabó el oro a flor de roca, evidentemente sin planes de poner un solo centavo para remediar los daños que causaron con su producción a cielo abierto.

     A propósito de estos últimos, desde hace algún tiempo se dejan escuchar tambores que propugnan formalizar al ejército de mineros ilegales ─ergo delincuentes─ que sienten placer en las injundias cuando se les llama mineros informales o artesanales, más aún cuando muy pocos siquiera iniciaron el manoseado proceso de formalización minera. O sea, a la legalización de procesos simplificados para todo aquel que quiera aventurarse a cavar donde otros exploraron para hacerse de minerales al menor costo posible, se suman ahora una retahíla de voces "autorizadas" a favor de la reducción de los requisitos de protección ambiental. Vamos usando al más conservador de los diarios peruanos, "El Comercio", como fuente de información.

1) En marzo del 2014 una horda de supuestos mineros inundó plazas y calles de Lima exigiendo a voz en cuello y garrote en mano que se ampliara el tiempo de formalización. Algunos políticos, como Keiko Fujimori, se aunaron a la irracional exigencia. Mientras, el Diario El Comercio le daba su apoyo a la posición del gobierno, no se amplió el tiempo y empezaron las interdicciones  (ver http://goo.gl/inhUhD). Sin embargo, en diciembre el mismo medio de comunicación se inclina por formalizar a ultranza lamentando que sólo 230 de los 300,000 pequeños productores mineros en el Perú se han formalizado; el diario presenta posibles salidas del "entrampe" que van desde la obvia crítica a la siempre lenta burocracia gubernamental hasta la campaña de moda de Hernando de Soto que busca la rebaja de los requerimientos de formalización, como si los estándares ambientales no se hubieran ya bajado más de lo ecológicamente recomendable (ver http://goo.gl/UJqlvR).

2) En mayo del 2014, la República Suiza anuncia su programa llamado "Oro Responsable" con la intención de conectar a 100,000 pequeños productores mineros con las cuatro grandes refinerías de oro en Suiza (Pamp, Metalor, Argor Heraeus y Max Havelaar Suiza). El programa, orgullosamente anunciado por el embajador helvético en el Perú, Hans-Ruedi Bortis, tiene la intención de "colaborar con la formalización de la minería nacional". Es decir, los suizos compran oro a productores no formalizados, por ende ilegales ahora que todos los plazos de registro de formalización están vencidos, y todos felices: los compradores evitan intermediarios y los vendedores mejoran sus ingresos por la venta de su oro sucio, dada la informalidad de su producción (ver http://goo.gl/nmcFHO). En mayo se da el lanzamiento del programa suizo en Chala, Arequipa, y en agosto del mismo año 400 "mineros informales" atacan con dinamita a un puesto policial que brindaba protección a una mina de esa misma zona arequipeña; resultado: un policía muerto y varios heridos, ¿oro responsable? (ver http://goo.gl/qXRYfs). Que la Policía Nacional fracase en brindar seguridad mínima a la actividad minera en las regiones fuera de Lima no sólo se explica por la baja operatividad y corrupción del gobierno central, sino también de la palpable renuencia de los gobiernos regionales a fiscalizar las mismas actividades económicas que ellos mismos autorizan (ver http://goo.gl/vleZc0).

3) En diciembre del 2014, César Ipenza publica un artículo como abogado ambientalista (ya que "abogado ecologista" sería un oxímoron). En su artículo olvida la existencia legal de reservas naturales nacionales en la selva y también olvida los detalles ambientales, su especialidad, como elementos básicos de la formalización. Hechas las omisiones, la emprende contra la inoperancia tramitaria del gobierno central y los gobiernos regionales. Según esta opinión, debe formalizarse "lo que sea formalizable", recuperar a cuenta del estado lo destruido por los mineros ilegales y, como si fuera poco, a invertir dinero de todos los peruanos a ayudar a los destructores de nuestro medio ambiente a conseguir otra chamba (ver http://goo.gl/cSvVBc). De hecho, ya el gobierno central viene consiguiendo dineros onerosos del Banco Interamericano de Desarrollo para reparar el crimen ambiental sin inculpados (ver http://goo.gl/GlLuCr).

4) Ese mismo mes, Iván Lanegra, Adjunto para el Medio Ambiente de la Defensoría del Pueblo, anuncia su participación apoyando a unos 300,000 mineros no identificados. Solicita el funcionario que no se destruyan las dragas y perforadoras incautadas a los destructores de la selva amazónica, sino que se proceda a la "reutilización de la maquinaria y equipos incautados a la minería ilegal" para subvencionar los costos de formalización de los mismos mineros ilegales sujetos de interdicción (ver http://goo.gl/KvKllr). Interesante procedimiento de devolución de bienes incautados a delincuentes.

     La bulla de los tambores de la minería ilegal ─o informal o artesanal─ busca dejarnos sordos a nuestra propia racionalidad personal. No creo ser el único peruano que se da cuenta que la pequeña producción minera artesanal es económica y logísticamente inviable si queremos conservar el medio ambiente y la salud pública. Las razones lógicas no pueden ser acalladas por la estridencia de los "expertos" que defienden intereses menores a la nación entera. Dos de muestra: (i) la inversión para un proyecto minero responsable es altísima, pues no sólo incluye maquinaria y procesos extractivos de alta factura sino también garantías financieras de remediación post-cierre y (ii) la fiscalización de los entes gubernamentales regionales y nacionales es casi nula.

29 marzo 2014

La plaza tomada ...por mineros ilegales

La mal llamada minería artesanal sólo es una licencia seudo legal para que los individuos que han registrado su nombre en el Registro Nacional de Concesiones Mineras del Perú puedan contaminar a su gusto y paciencia, mientras excavan pocitos de una profundidad tan mínima como su exigua inversión en maquinaria; entusiastamente apoyados por mano de obra que cobra salario sólo cuando encuentra pepitas doradas. Más barato, imposible. Más destructivo, quizás no.

La bien llamada minería ilegal es toda la actividad criminal de extracción de oro y otros metales valiosos derramando mercurio y cianuro por donde caiga. Es ilegal porque no se puede, ni se debe, comerciar con oro que no tenga procedencia conocida y formal. La producción internacional de vino tiene denominación de origen por razones comerciales y de calidad; el comercio formal de metales preciosos es necesariamente regulado por razones de vida. Aún así, son 400 Has. de bosques las que depredamos al año por esa actividad ilegal por acción de más de 100,000 busca-tesoros a destajo en la selva y sierra del Perú.

Los mineros ilegales traídos en camión pagado por los concesionarios mineros del país (que no pasan de dos docenas) pernoctan en Plaza Dos de Mayo, otrora punto de reunión de marchas sindicales, y afirman a gritos que no saldrán hasta que el gobierno amplíe el tiempo de formalización. Amenazan con huelga de hambre, no sé a qué esperan. Desgracian más al tráfico en Lima y bloquean carreteras en el sur, no sé por qué les dejan. En concreto, amenazan y actúan con violencia pues es el único expediente con que pueden contar, después de años, décadas, de destrucción del ecosistema, de tráfico de personas, de tumbas anónimas, de enriquecimiento ilícito.

Mientras los colectivos españoles se expresan contra los recortes presupuestarios en las plazas madrileñas y Occupy Wall Street se hace escuchar en las calles newyorkinas, en el Perú un pequeño grupo de dueños-de-nada busca preservar el crimen institucionalizado de la minería ilegal, dizque artesanal. Crimen cometido por los concesionarios mineros, registrados con nombre y apellido, en abierta complicidad con funcionarios ministeriales de mano rota y ejecutivos financieros expertos en limpiar dinero sucio.

Ya va siendo hora de que el mundo entero ponga interés en este proceso de destrucción implacable e irreversible de la cuenca amazónica y la Cordillera de los Andes, dos grandes zonas naturales que son propiedad de todos los habitantes de la tierra y no de sólo un reducido grupo de ambiciosos depredadores. Ya va siendo hora que el mundo se interese en defender a los cerros andinos, los Apus, que desaparecerían llevándose sus más de 3,000 especies de papa.Ya va siendo hora de que se defienda de veras al pulmón amazónico de la tierra, que los bonos de carbono no le hacen mella alguna al mercado negro del oro. Ya va siendo hora que defendamos nuestra casa, nuestra única casa.

13 octubre 2013

El Alto Comisionado en Asuntos de Formalización de la Minería e Interdicción del Perú

Sin pelos en la lengua, ni en la conciencia, es más que válido decir que quien realiza una actividad económica sin autorización ni pagar impuestos está violando las leyes que sostienen al sistema en que vivimos todos, hasta los coreanos del norte. O sea: los mineros informales violan las leyes, ergo, son delincuentes. Por tanto, no existe diferencia entre ellos y los mineros ilegales. ¿Mineros artesanales? ésa categoría se aplica a quienes se meten a los ríos hasta la cintura con su colador para cernir la tierra y, con suerte, encontrar una que otra pepita de oro, individuos que hace siglos dejaron de existir sobre la faz de toda la tierra. Los mineros que quieren ser una alternativa a la gran minería tecnificada en el Perú, son ilegales o informales y usan explosivos, cianuro y mercurio a discreción y sin control. Peor aún, lo seguirán haciendo con apoyo del estado peruano.

Entre otras cosas, el diario El Peruano, el más oficial de todos los diarios del Perú citó frases oficiosas del Alto Comisionado en Asuntos de Formalización de la Minería e Interdicción, Daniel Urresti:
"... Urresti anunció que se preparan decretos supremos, que estarán listos en uno o dos meses, para especificar la cuota de ingreso de combustible a Madre de Dios, establecer el número de grifos necesarios y un registro de usuarios de mercurio."

Vamos por partes, (1) sólo se refiere al departamento selvático de Madre de Dios, lo que lo convierte en un Alto Comisionado en Extinción de Incendios Causados por los Mineros Ilegales (en cristiano: bombero gubernamental), (2) pretende ejercer control sobre la compra-venta de mercadería, lo que es anti-constitucional en el Perú, por lo que será muy fácil para quienes están explotando ese "nicho del mercado" tirar abajo sus prometidos decretos supremos de fijación de cuotas de combustibles por región, y (3) el mercurio es altamente peligroso en manos de cualquier persona sin alta capacitación, sino pregúntenle a la gente de Choropampa en Cajamarca, donde hubo, el año 2000, un derrame accidental de 151 kg. de mercurio transportado por Minera Yanacocha, empresa con más alta reputación técnica que el alto comisionado minero de marras.

Entre los empresarios sedientos de reconocimiento, que abundan en el huachafo medio limeño y cuyas fotos aparecen en las páginas de "sociedad" en revistas del medio, el rutilante nombre del puesto del Ing. Daniel Urresti causa envidia a gritos, pero en el título queda la cosa. Y es que dicho caballero retirado del ejército ostentaba un anonimato evidente en cualquier campo de las actividades profesionales en el Perú, siendo sólo algo conocido por su retahíla de ascensos en la oficialidad egresada de la Escuela de Oficiales de Chorrillos ... hasta su incorporación al staff de asesores gubernamentales del Presidente Humala casi al día siguiente de su pase a retiro del ejército peruano y su posterior alto encargo presidencial. ¿Más datos? no, ya deben ser suficientes para tomarse una fotito con él para la sección Circo Beat de la Revista Somos, a ver si se logra un instante con su touch de gloria.

Dicho alto comisionado ha liderado exitósamente la participación gubernamental en la solución de la huelga de mineros informales (ahora se le llama huelga a los bloqueos de carreteras a lo largo de este país). No tuvo mejor idea que prometer el oro y el moro para terminar una huelga que toda la gente decente (somos pocos, pero somos) esperaba durara per secula seculorum. Y lo logró, firma de por medio con la Confederación de Mineros Artesanales Todos Informales, acordando gastar el dinero del erario nacional (a espaldas de los reales contribuyentes) para facilitarle la vida a sus compinches artesanos de la informalidad ilegal y poder así:
-- permitirles comercializar metales en el país.
-- permitirles comprar legalmente explosivos, cianuro y mercurio.
-- simplificarles los trámites oficiales para uso seguro de explosivos.
-- permitirles formar parte del comité de formalización de si mismos.
-- prohibir a la policía la realización de operativos contra ellos.
-- disuadir a las fiscalías de su participación jurisdiccional contra actos
    cometidos por ellos.
-- y de yapa: simplificarles la presentación del documento único con
    que cualquiera se puede acoger a la formalización. Ahora ya es un
    formatito con firma simple, después de la simplificación será, me
    imagino, una llamada telefónica (¿Alo?, sí, voy a seguir escarbando
    y reventando cerros por acá por Cachachi, ¿ya?, mándenme cianuro
    que se me está acabando, sí, a la comisaría de Chuquibamba está
    bien, gracias ¿ah?, hasta luego, saludos al general Urresti).

A mí el arreglo no me afecta en lo más mínimo, ¿a ustedes? creo que tampoco. Al fin, vivimos la gran mayoría en ciudades donde los mineros informales demandan productos, servicios e inmuebles a granel, por ende son agentes económicos activos que apoyan al crecimiento mediante "demanda interna" que pondera desde su trono el ministro de economía de moda. Dinero es dinero, lo demás son c...

13 septiembre 2013

Minería grande, pequeña ... e ilegal.

Si alguien me pidiera resumir las operaciones de una mina a tajo abierto, le diría, fácil, primero, te tiras abajo una montaña a punta de dinamitazos. Después, trituras el cadáver despedazado hasta hacerlo todo polvo, el que lavas con una mezcla química digna de un alcohólico con impulsos suicidas. Suficiente cianuro como para envenenar a la población de todo Lima, mercurio como para evitar embarazos por una generación de 120 años, cal como para diluir todos los cementerios aledaños, azufre como para un infierno que cobije a todas las almas del congreso, ácidos como para poner a hervir a Aceros Arequipa y detergentes como para que no quede ni una mancha de tierra en el polvo. El asunto es que la mezcla con el polvo traslúcido debe terminar en un dique talla lacustre donde no cabrá ni una gota más, que este vaso es muy caro para derramarlo. ¿A dónde se va esa agua preñada? el feto dorado queda en la poza y el líquido se filtra hacia abajo, conveniente cuestión de gravedad y ambiente.

Ahora, si la empresa minera que paga para quitarnos el peso de encima fuera formal y mega-inmensa, alguna posibilidad habría de exigirles que dejen las cosas como las encontraron, aún a sabiendas que tal encargo sólo se lograría en la película Misión Imposible 15. A la misma madre naturaleza la reparación del daño le tomaría un par de sesquicentenarios. Pero si la empresa de marras fuera formal y pequeña, cuenta con que saldrían disparados cuando la fiesta de dinamita y veneno ya no sea rentable. Finalmente, si la empresa fuera informal -apelativo oficial para no llamarla ilegal- el asunto es criminal, penal, carcelario y de pena capital. Tan despreciable es dicha actividad, que entre todos los cientos de fiscales no han hallado ni un solo cristiano culpable de tal lacra en todas las jurisdicciones jurisdiccionales en que se ha dividido al Perú. Ergo, no existe. Los cerros deben estar desapareciendo por alguna especie de sarna de la tierra o mosca blanca de la piedra, cosas del calentamiento global.

Una noticia que puedo calificar de buena y mala a la vez, o viceversa, es el anuncio de la minera canadiense Sulliden del 11 de setiembre último, vaya fecha tan desgraciadamente alusiva a explosivos. El Ministerio de Energía y Minas peruano aprobó su Estudio de Impacto Ambiental para la concesión aurífera Shahuindo en Cajabamba, Cajamarca. Buena noticia porque la demanda de servicios profesionales aumentará; mala noticia porque será la profesión más antigua de la humanidad la más beneficiada, digo yo. Buena porque el flujo de visitantes foráneos aumentará; mala porque entre esos visitantes habrán quienes fuercen a cerrar las bucólicas puertas cajabambinas con 3 chapas de 4 golpes cada una. Buena porque ingresarán impuestos adicionales a los distritos; mala porque los alcaldes harán monumentos gigantescamente inútiles con ese dinero. Buena porque más técnicos tendrán chamba decente, Dios mediante; mala porque esa labor se hará a tajo abierto, creando ríos de destrucción, ambientalistas ululantes, y politiqueros oportunistas, valga la redundancia.

13 agosto 2013

Esclavos en nuestros tiempos

Alguna vez Ángela fue conocida como Angelita. Hoy nadie la conoce por ese nombre, ni ella misma. Hace ya largos cuarentiocho meses se cerró abruptamente para ella un capítulo de trece años en su vida en el que sí tuvo una cama para ella sola en la casa de sus padres en su pueblo natal, una cama que no debía compartir apresuradamente con todo aquél minero que transe precio a la entrada de la tienda de campaña en la que don Gregorio la exhibe como su propiedad a los cofrades de la excavación al pie de alguna montaña preñada de mineral valioso.

Pepito le decían en su casa en la aldea selvática donde nació y vivió diez años. Ahora es José a secas y debe robarle a un cerro varias cargas de volquete a punta de pico y pala con la esperanza que su dueño, don Felipe, no olvide llevarle el diario plato de frejoles y arroz como premio por su trabajo. Con suerte, si algo brillara con un color más cobrizo en alguna palada, podría esperar un huevo frito sobre el potaje de cada día. Los días de tacacho, juanes y cecina están ya perdidos en su memoria y sus papilas; que cuando hay hambre, cualquier plato es potaje, aún cuando la poca carne provenga de algún roedor distraído.

Dos casos resumidos de los tantos miles de personas que son arrancadas de sus vidas, de sus familias, de sus tierras para utilizarlos como esclavos productores de ganancias mediante la explotación sexual y los trabajos forzados conexos a los múltiples campamentos mineros en operación, con especial énfasis en la minería ilegal que silenciosamente continúa su marcha inexorable desolando territorios enteros de América Latina, visibles ya desde fuera de la atmósfera terráquea. Esta cara de la moneda productiva de materias primas nos hace celebrar la baja de los precios internacionales de los minerales, aún cuando ese hipo bajista perjudique al ingreso nacional de varios países que no utilizan ni un centavo para proteger efectivamente a sus ciudadanos más vulnerables, niños y niñas de las zonas periféricas de las ciudades y fronteras de las naciones subdesarrolladas.

No es un secreto para nadie que la trata de personas es un gran negocio en el mundo criminal. Todos sabemos, o hemos escuchado, que es un “negocio” de miles de millones de dólares anuales, que sólo el narcotráfico genera mayores rentas, que existen muchas instituciones públicas y privadas dedicadas declarativamente a su control, que la esclavitud fue abolida de las Américas en el siglo XIX, y tantos detalles más que entran por un oído y salen por el otro. La trata de personas sigue floreciente y saludable sembrando el terror entre sus víctimas y aprovechando que nadie cree que las cosas malas le sucedan a uno mismo o que muchísima gente utiliza los servicios y productos obtenidos mediante la explotación sexual y el trabajo forzado de los esclavos modernos. Un siglo y medio después, podemos decir que Abraham Lincoln en los Estados Unidos del norte y Ramón Castilla en el Perú solo hicieron un avance parcial al ilegalizar la esclavitud en sus países.

Publicado por Juanjo Fernández Torres en El Libre Pensador.

27 marzo 2013

El Cianuro de Sulliden Shahuindo

La infografía de la izquierda no es mía, la saqué de la misma página web de la empresa Sulliden donde también nos informa que el desmonte a extraer durante la vida útil del proyecto Shahuindo sería de setenticuatro millones quinientos mil toneladas, o dicho de otro modo, 74,500'000,000 kilos de tierra (seventy-four and a half billion dirían los gringos). Bueno, estamos avisados que habrá una inmensa cicatriz en el paisaje cajabambino, visible a gran distancia a juzgar por lo que vemos en Yanacocha desde la ciudad de Cajamarca. Algunos dirán que no es un precio muy alto a pagar por el progreso y no los increpo o emplazo por estar dispuestos a ese sacrificio panorámico. Pero volviendo a la figura que acompaña esta entrada, es claro que de la zanja a cielo abierto llevarán el desmonte molido y pletórico de oro y plata a una poza de lixiviación donde separarán los metales preciosos usando cilindros de cianuro, un poderoso veneno que es aceptable en el agua sólo hasta 0.2 partes por millón de partes de agua, osea, casi nada.

¿Habrá Sulliden informado cómo manejará ese peligroso insumo a los cajabambinos en la Audiencia Pública Final llevada a cabo este mes a exigencia del proceso de aprobación del Estudio de Impacto Socio-Ambiental? En principio, existen controles y códigos internacionales estrictos a cumplir y a exigir por medio de auditorías especializadas desde antes que la mina a tajo abierto entre en operación. Acá sí emplazo a todos los que estén dispuestos a sacrificar el medio ambiente cajabambino a cambio de un progreso que no podrá resarcirnos de cualquier debacle accidental, más aún si quienes deciden en la comodidad de las oficinas del Ministerio de Energía y Minas en Lima no tienen el sustento técnico que respondería a la pregunta que inicia este párrafo. Para mayor referencia preguntemos a los rumanos, húngaros y bosnios que viven en las cercanías de la cuenca del Río Tisza donde ocurrió un derrame de cianuro de la magnitud suficiente como para provocar la prohibición de minería con cianuro por parte del Parlamento Europeo el año 2010. Si sucedió en Europa, Sudamérica no está libre.

¿Qué decir de la minería ilegal? que continúa a vista y paciencia de todos nosotros que conocemos de su existencia con solo mirar al Cerro de Algamarca sin su poncho azul, de las autoridades que detienen niños transportando cianuro en costales pero no arrestan a los compradores del insumo que no creo puedan medir partes decimales del mismo, de los funcionarios de la minería formal que adquieren el oro mal habido de los gambusinos ilegales, de los criminales tratantes de personas que ofrecen los servicios forzados de niñas y niños a los operadores de concesiones mineras obtenidas a pulso de billetera en oscuras oficinas burocráticas de la capital indiferente a las cicatrices en el paisaje y a la muerte discurriendo en las aguas camino al Atlántico.


31 enero 2013

Adiós Cerro de Algamarca


A una persona promedio de hoy en día le resulta difícil leer más allá de 1,000 palabras. Y dicen por ahí que una imagen vale más que aquellas 1,000 palabras. Pues bien, el cerro atacado de pico y pala que aparece en la imagen, conocido como Algamarca, alguna vez albergó una mina en su falda opuesta al valle. Y aunque los cerros pecan mucho menos que nosotros, Algamarca cometió el único pecado de no haber revelado su secreto de oro y plata cuando la explotación minera del siglo pasado seguía su curso formal, cuando nadie tuvo siquiera la pesadilla de los  tiempos salvajes que vendrían en un mundo, como el Perú de hoy, en que la democracia mal entendida viene permitiendo a aventureros sin nombre ni apellido destrozar grandes territorios de la sierra norte.
Para quienes hemos recorrido los caminos del Valle de Condebamba en dirección al pueblo de Cajabamba, el avistar el azulado Cerro de Algamarca como un trozo de noche enclavado al otro lado del caprichoso río significaba la bienvenida anticipada al malecón de la plaza, al doble campanario, a la protección de los tejados salpicados de musgo. Esa bienvenida de añil no se ve más en el camino. Los buscadores de tesoros le hurtaron la piel dejando que los recuerdos de mejores tiempos se muestren en su entraña.

25 enero 2013

Uno de los distritos más pobres del Perú

Ni corto ni perezoso, el vice ministro de minerìa peruano Guillermo Shinno Huamaní, con anuencia del titular de diálogo del PCM Vladimiro Huaroc y el ministro MINEM Jorge Merino Tafur, instaló la llamada Mesa de Desarrollo del Distrito Cañaris, Ferreñafe, Lambayeque con los representantes gubernamentales centrales y locales que su Resolución Ministerial de creación ordena diligente desde las oficinas de la Presidencia del Consejo de Ministros. Anunció también don Guillermo Shinno, premunido de información obtenida de funcionarios del Ministerio de Energía y Minas que se dieron una vueltita por Cañaris, que la población quiere el progreso de su comunidad (sic).

Los funcionarios del limeño ministerio de Energía y Minas citados por el vice ministro de minería se mezclaron de incógnito con los pobladores rurales de Cañaris a más de 2,000 msnm y no vieron protesta ni bloqueo de carretera alguno, pues quizá se entrevistaron con ciudadanos del pueblo de Cañaris en Cachachi, Cajabamba, cerquita del otrora célebre Redondo. Ignorantes de esas alentadoras noticias, la policía nacional vuelve a enfrentarse a una multitud de pobladores del pueblo de Cañaris en Ferreñafe que protestan contra supuestos atropellos futuros de una minera, información que, correcta o no, les ha sido alcanzada por grupos no gubernamentales en su distrito, su ayuntamiento, sus propias casas en Cañaris, Ferreñafe. Don Guillermo, campante agregó en una entrevista periodística desde su despacho en el distrito de San Borja en Lima, que no solo se ha instalado una mesa de desarrollo sino también un taller de capacitación para desarrollar un plan de desarrollo para Cañaris .... en Chiclayo.

Déjame entender, para poder hacer su propio proyecto de desarrollo y coordinar acciones gubernamentales para Cañaris la población deberá movilizarse a pie o caballo a través de un camino que a duras penas se ve en los mapas hasta el pueblo de Chinina en el distrito de Salas, recorrer el camino no afirmado que lleva a Marripon, continuar hasta Motupe por otro camino ya afirmado y, una vez en un camino asfaltado, alcanzar la capital del departamento, Chiclayo. Sí, el distrito de Cañaris en pleno deberá viajar una jornada completa sobre todo tipo de caminos para elaborar su propio proyecto de desarrollo en una ciudad principal de la costa. Cierto, resulta difícil seguir la ruta leyendo su descripción, imagínatela caminando.

Agradezcamos a Dios y todos los santos que el gobierno peruano cuenta con profesionales de alto nivel entre sus funcionarios, con ley incluída. No quiero ni imaginar nuestra suerte sin las acertadas decisiones de nuestros funcionarios. Quién sabe alguien sin la preparación académica requerida se le ocurre sugerir ¡que las mesas de desarrollo y talleres de formación en proyectos de Cañaris se deberían instalar y hacer en el mismo Cañaris! Peor aún, que algún despistado funcionario sin el currículum del caso proponga que se hagan mesas de desarrollo en los más pobres distritos del Perú, ¡inclusive en aquellos donde no hay ni una pizca de minerales explotables! Dios nos pesque confesaos.

La pregunta, honestamente, es saber si hay mesas de desarrollo ya instaladas en la ciudad de, digamos, Arequipa para los distritos realmente más pobres del Perú según estadísticas de INEI: Lares en Calca, Omacha en Paruro, Usicayos en Carabaya, Cuenca en Huancavelica, Coyllurqui en Cotabambas, Checca en Canas y Colquepata en Paucartambo. Y, por qué no, en la ciudad de Trujillo para las mesas de los distritos de Zapatero en Lamas, Pión en Chota y San Buenaventura en Marañón. Respuesta pendiente, don Vladimiro Huaroc.

16 septiembre 2012

Estupidez masiva

     Dícese de la torpeza notable en comprender las cosas, reza el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española refiriéndose a la estupidez.  Mientras que los antiguos romanos llamaban stupidus a quien veían aturdido o estupefacto. Y masiva es la cantidad de gente que viene embaucándose a sí misma desde hace ya un rato largo con el cuento del debate Conga. Lamentablemente, esa masa humana, cuantificada, roza la población total del Perú.
     Mucho se ha dicho, escrito y publicado a favor o en contra de la instalación del asiento aurífero Conga en Celendín, Cajamarca, como también se hizo con la actividad minera en Tambogrande, Piura. Agregar otro sabihondo o superficial recuento de lo que pasó o no pasó, pasará o no pasará en esa historia ya tan trillada, caería en el sopor de un partido del campeonato peruano de fútbol. Quiero, más bien, resumir todo este asunto en el título de esta entrada de blog: estupidez masiva.
     ¿Cuán difícil es entender, comprender, que si la minería formal es expulsada de una región, su lugar será reemplazado indefectiblemente por la minería ilegal? Pues no mucho. Pero, para el caso, parece ser una  tarea altamente consumidora de neuronas peruanas, que en estos tiempos dizque tienen mejor uso en lo que la prensa destaca diariamente, ya sea de motu proppio o a pedido especial de parte.
     Con muy pocas excepciones -entre las que se encuentra el programa Tribuna Abierta cuyo vídeo hemos insertado- los parámetros de la televisión, radio y periodismo peruanos, a juzgar por lo visto rutinariamente, se circunscriben casi exclusivamente a la farándula, no el arte; los políticos, no la política; los futbolistas, no el fútbol; o cualesquier persona, hecho u objeto que sea lo suficientemente descarado, con su poquito de lúbrico más, para el gran público.
   Entonces, entender o comprender algo que tenga que ver con la minería ilegal, adecuado o no, es simplemente algo que se dará masivamente cuando los titulares se ocupen de ella en todas sus aristas; hasta que el grueso de los peruanos salga de su aturdimiento, su estupefacción, su estupidez.
    A modo de ejemplo: grupos de mineros ilegales tomando carreteras en todo el país en reclamo por sabe Dios qué, SUNAT confiscando petróleo en tránsito hacia clientes no identificados en Madre de Dios, la capital de la provincia cajamarquina donde opera Sulliden-Shahuindo (empresa aurífera que cotiza en BVL)  invadida por la criminalidad cotidiana de asiento minero informal, y otras notas periodísticas por el estilo se pierden en el mar de noticias menores que rellenan páginas interiores, mientras que los titulares en Lima se deslenguan con los entretelones de la vida del presidente de la Región Cajamarca. A quién le importa si las balas son de plata o de latón, lo importante es apuntarle al bulto y no al problema, parecen pensar.
    Y ya que la debacle del oro ilegal en Madre de Dios parece ser menos dramática que la última paliza a la vedette de moda, otra prueba palpable de lo que le espera a Celendín se encuentra en el páramo que es ahora la zona limonera piurana de Tambogrande, de donde se expulsó a la minería formal al compás del lema "Sin limones no hay cebiche". Precisamente, el cebiche con mango que resultó de la decisión de algo más del 93% de los pobladores terminó haciendo pedazos a una hermosa zona agrícola del país, gracias a sus propios agricultores. ¿Habrá que encontrar oro en los extintos ríos y valles de Lima para salir de la estupidez masiva?

03 septiembre 2012

Saliendo de Lima

Sentado en la camioneta, observando por una ventana el desfile consuetudinario de vistas de la ciudad de Lima y sus millones de contrastes, e imaginando que llevo en el ojo izquierdo una cámara de vídeo para registrar la miseria nuestra de cada día, mil y un pensamientos se entrecruzan en un tejido muy tupido de noticias periodísticas, algunas de dudosa portada y otras de columnita con datos mal traducidos, y peor interpretados, de revistas extranjeras.
El hoy archipoblado valle del Rimac se va estrechando en el camino franqueado por cerros desérticos  cubiertos de casitas multicolores como una inmensa buganvilia de ladrillo, tal como la minería ilegal sigue extendiendo raíces debajo de cada piedra dorada en cada cerro o río del Perú, jodiéndolos en gran forma e inmoral estilo. La minería legal no se queda atrás sacando cuerpo a los planes de cierre de viejos asientos mineros que desertificaron parte de la sierra, poniendo a las empresas liquidadoras a seguir contaminando pueblos enteros por dinero para acreedores.
El vocinglero tráfico de la eterna hora punta de Lima esfuma horas del tiempo de los viajantes mientras que el precio de venta del GNV para vehículos sigue inflado como un globo del que solo el 4% de lo que paga el consumidor va a la extractora del gas en Cusco.
Cada centímetro cuadrado de la ciudad se cubre con polvorientos mantos de estridencias, anuncios enmugrecidos, negociantes minoristas, y fábricas informales, en tanto que los políticos-empresarios peruanos (dualidad vaso-comunicante en el Perú de hoy) siguen cubriéndose con un muchas veces remendado manto de honestidad en medio de uno de los más altos niveles de corrupción y en la omnipresencia del lavado de los dineros del narcotráfico, el oro sucio, y la trata de personas.
Mientras en Lima una mujer parada al borde la autopista de evitamiento espera pacientemente a que su pareja alivie la vejiga contra una pared ennegrecida de úrea humana y, en un semáforo especialmente demorón, un taxista lava su llanta delantera con su propia orina, a 850 km Conga no va. Lógicamente, el presidente regional libera su carga intestinal sobre todos los que buscan formas de hacer minería responsable pues ve su candidatura presidencial enflaquecer sin estado de emergencia en Cajamarca. Ya tendrá mucho tiempo y facilidades la minería ilegal bajo su tutela para muy eficientemente darle con palo al medio ambiente de Celendin y a los esclavos de ambos sexos que llenan esos campamentos de desarrapados.
Después de 40 minutos de viaje, empiezo a admirar en silencio el cielo insinuándose celeste, sabiendo, gracias a los artículos aduladores de los periodistas financieros y corporativos, que nuestro país sigue admirando, divinizando, a los exitosos en negocios, aún cuando tengan un zapato sobre nuestro cogote laboral y el otro sobre el albedrío de los jueces. Essalud en huelga, el SUTEP en huelga, la CGTP en huelga, la Región Cajamarca en huelga, los mineros ilegales en huelga, huelgan comentarios.
El chofer, sin consultarme, me obliga a escuchar ruidos a los que debo asumir él llama música y sólo atino a  tratar de desatar inútilmente los nudos de las miserias de Bartola, Susy Díaz, Beto Ortíz, Ciro Castillo Rojo, Florcita, la pareja presidencial y un sin fin de ruidos de tabloide por el estilo. ¿Ganará Perú el viernes?

19 mayo 2012

La formalización minera y el negocio de Shahuindo

Los pobladores de los campos mineros anónimos que desde hace buenos años invaden el Perú de norte a sur no podrían estar más satisfechos con la forma en que el estado peruano viene manejando el asunto de la minería ilegal. La andanada de normas legales del ejecutivo, previa lavada de manos del legislativo en ese campo minado, conduce a la formalización sin distingos de medianos, pequeños y diminutos invasores de zonas mineras. No obstante que el cuerpo legal de la nación ya legisla al respecto, esas normas vuelven a imponer penas a quienes trafiquen equipos, maquinarias y productos mineros ilegales y a quienes participen en el eficaz sistema de lavado de dinero que todos sabemos opera desde hace mucho en nuestro país. Legislan como si existieran tonalidades del color sucio en el dinero, venga éste del tráfico de drogas, armas o metales preciosos al margen de la legalidad.

Lo que sí es nuevo y lamentable es que se haga el distingo entre minería ilegal y minería informal sólo por el hecho de realizar sus operaciones ilícitas en zonas geográficas en que está prohibida la actividad minera. Más aún, se concede un plazo de 2 años a los llamados informales para realizar los trámites de formalización, tiempo que puede ser extendido por el ministro de energía y minas de turno (artículos 2 y 3 del DL 1105). Para los ilegales, se conceden 60 días para iniciar dicho proceso y subirse al plazo del informal.

En concreto: todos pueden seguir cavando y regando donde les dé la gana con químicos como cianuro, mercurio y otros de igual o mayor riesgo para la ecología y la vida humana, ya que uno de los puntos neurálgicos de un proceso de formalización de toda concesión minera es la certificación ambiental. Esta última la tornan ambigua al crear un "instrumento de gestión ambiental correctivo" para permitir que Ministerio del Ambiente se despache con todas las excepciones y vistas gordas que las tomas de carreteras peruanas ameriten (artículo 9 del DL 1105). Y éso que la certificación ambiental ya dependía, y depende, oficial y legalmente de las Direcciones Regionales de Energía y Minas. Mayores facilidades, ni en una cooperativa distrital de ahorro y crédito.

Grafiquémoslo con un ejemplo hipotético. Ahora que el oro se cotiza a casi US$ 1,600.00 la onza en Nueva York, imaginemos que mis lectores y yo decidimos incursionar en la extracción de oro en la zona de Shahuindo en Cajabamba, justo donde está la concesión minera que pertenece a Sulliden Gold Corporation. Sólo tenemos que llenar un formulario de Declaración de Compromisos y presentarlo ante la Dirección Regional de Energía y Minas de Cajamarca en la Avenida 13 de Julio 284, Cajamarca, antes del 18 de junio. Listo. Ya tenemos mínimo 2 años para sacar el oro que podamos, 24 horas al día y 7 días a la semana, con la maquinaria que nos alquilamos, digamos, de la empresa JWW Contratistas SAC, la misma que tengo entendido cuenta con equipo disponible en la zona, gracias al espíritu previsor de su propietario, el actual alcalde de la provincia de Cajabamba. Si la cosa va bien, al cabo de los 2 años organizamos unas cuantas parrilladas en medio de la carretera Cajabamba-Cajamarca, de paso que la bloqueamos, y por ahí nos cae una extensión de otros 2 años. Al cabo de ese tiempo, nos retiramos con nuestras ganancias y dejamos que el gobierno se encargue del estropicio ambiental que causamos, amén del desbarajuste legal del tráfico de personas —y otros tráficos— hecho por "emprendedores" del ramo. Pingüe negocio.

15 abril 2012

Seguimos en lo mismo

Lo ilegal es informal y lo informal es normal. Mientras que los empresarios que se hacen llamar formales salen a vender a hasta con vendedores callejeros para evitar impuestos, los "emprendedores" mineros que no cuentan con permiso o control alguno insisten, sin empacho, en tildar de informales a sus actividades mineras de bajísima calidad productiva y altísima peligrosidad en el manejo de insumos a tajo abierto. Lo peor de todo es que el gobierno insiste, con el premier Oscar Valdés a la cabeza, en "formalizar" a  estas actividades al margen de la ley. Así, de una sola pincelada, salvarían a estas seudo empresas y sus dueños, con el premier Oscar Valdés a la cabeza, de su cierre definitivo pues esas pequeñas operaciones extractivas jamás podrán cumplir con los costosos requerimientos de protección al medio ambiente que son ahora mínimo requerimiento de cualquier país que se respete.
Dice por estos días el Grupo Hoschild que el 20% del oro que exporta nuestro país es extraído, con malas artes, por mineros ilegales e introducido al flujo del mercado, con peores artes, por testaferros de los come oro de Madre de Dios, Ancash, La Libertad y Cajamarca. Se habla pero no se reclama, como es característico en nuestra sociedad. No existe ya la ira popular contra la injusticia y el atropello, así este atropello esté robándole el futuro a sus hijos y nietos. De nada valdrá dejar una casa, una empresa, una herencia, si el país en que se la hereda está hecho pedazos. Urge pedir la reacción de medio país que se halla indiferente a la destrucción de su propia tierra apelando al San Benito del progreso. Y más urgente aún abrir los ojos de quienes vienen reclamando contra la gran empresa haciendo la vista gorda al mini productor minero al margen de la ley.

19 diciembre 2011

Alguien dijo minería ilegal por fin

Al fin un diario de alcance nacional dedica un editorial a la mal llamada minería informal, considerando su condición ilegal. El Comercio decidió tomar partido en este tema inoculado de indiferencia. Es interesante ver que el D.S. 012-2010 de febrero del 2010 que se menciona en el artículo ordena algunos disparates que me lleva a preguntar: ¿ayudarán a formalizarse a pequeñas empresas en una actividad extractiva que debe ser de gran inversión para evitar contaminación en masa?, ¿de dónde saldrá el dinero para recuperar las zonas ya degradadas y en proceso de degradación debido a la minería ilegal?

Artículo 2.- 
El ordenamiento minero es el uso y la ocupación del territorio que se le asigna a la actividad minera sobre la base de la Zonificación Ecológica Económica y el catastro minero, para una gestión responsable de los recursos mineros. Su implementación comprende las siguientes acciones: 
1. Suspensión de los petitorios mineros. 
2. Establecimiento de zonas de exclusión minera. 
3. Prohibición del uso de dragas y artefactos similares de diverso tipo que operan en los ríos. 
4. Fortalecimiento del proceso de formalización de las actividades mineras auríferas en las zonas donde se permitirá dicha actividad. 
5. Recuperación de las zonas degradadas por la minería aurífera informal o ilegal. 
6. Apoyo al gobierno Regional de Madre de Dios para el cumplimiento de sus funciones respecto a la pequeña minería y minería artesanal.


01 diciembre 2011

Respuestas Urgentes para Cajamarca

Cajabamba
La capital de la provincia de Cajabamba posee un pequeño damero urbano central cuyo epicentro es la pequeña plaza presidida por una iglesia de 2 campanarios premunida de un reloj que anuncia a sus vecinos con una campanada cada cuarto de hora que transcurre en la ciudad que tercamente sigue luciendo casi tan igual como cuando mi abuelo publicaba su semanario Antena en la primera mitad del siglo pasado. Quizás por el hecho de no gustar de los relojes pulsera, dicho reloj se convirtió en parte importante de mi vida en Cajabamba, marcó mis recuerdos con las campanadas del reloj, el límpido cielo serrano, las lluvias de agua pura, y los paisajes del valle. El reloj de la iglesia sigue anunciando las horas que pasan y que me alejan ya más de 30 años de la placidez urbana tan brutalmente interrumpida por los cambios que el desgobierno está permitiendo por las actividades mineras impunemente contaminantes en Algamarca, a dos campanadas, 30 minutos, de distancia del casco urbano que cada vez le cuesta más conservar la tradicional fachada de la ciudad.

Cajamarca
Mientras que en Cajabamba el tiempo no se detiene para los depredadores del medio ambiente, en Cajamarca los relojes se detuvieron en tiempos en que la violencia buscaba hacer parir a la historia económica de los gobiernos. Tengo también en mis recuerdos a la ciudad de Cajamarca y sus muchas atracciones, como las múltiples salas de cine de hace mucho tiempo atrás, y es francamente chocante ver que sigue la pantomima política del paro regional aún cuando en la ciudad de Cajamarca ya se sienten los efectos de la escasez de productos alimenticios -excepto la leche que se debe arrojar al río- e insumos productivos por el bloqueo de carreteras. En tanto que el Primer Ministro lanza a la prensa un comunicado de Newmont-Buenaventura sobre la suspensión de actividades del Proyecto Conga en la provincia de Celendín aún cuando dicha suspensión ya se había dado en la práctica desde el inicio de las escaramuzas políticas en la región, las dirigencias del tumulto regional en Cajamarca no dan un paso atrás ni al costado respecto a su pedido de cierre definitivo de operaciones del Proyecto Conga.

La torpeza, cuando no ausencia, del gobierno central es notoria y debería llevar al Presidente Humala a considerar el cambio de su primer gabinete aprovechando el fin de año, ajuste necesario para el cargamontón de protestas que ya se vive en el Perú; pero éso es harina de costal ajeno a esta nota. El tumulto cajamarquino no pasará de ser una mera escaramuza política de incierto resultado si es que no lleva a cabo la primera y más importante de las acciones previas a cualquier reclamo o lucha: la erradicación definitiva de la minería ilegal en todo el territorio de la Región Cajamarca. No hay justificación posible para que el Presidente Regional Gregorio Santos participe en marchas y mítines mientras que permite por omisión que la minería ilegal día a día siga destrozando el medio ambiente y social de gran parte de la provincia de Cajabamba, a sólo 130 kms. de la ciudad de Cajamarca. El señor Wilfredo Saavedra, jefe del Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca puede seguir anunciando muertos inexistentes en búsqueda de mártires que lo catapulten más arriba en el escalafón político del país, al fin no tiene un cargo por el cual rendir cuenta a los votantes como sí lo tiene el Profesor Gregorio Santos.

La presidencia regional de Cajamarca cuenta con un Consejo Regional de 16 miembros y una pléyade de casi 2,000 funcionarios que cubren todos los ramos de la actividad gubernamental: direcciones de producción, agricultura, energía y minas, comercio exterior y turismo, salud, educación, y más. También cuenta con gerencias regionales de desarrollo económico y social, infraestructura, planeamiento, medio ambiente, etc. Todo ese personal de la planilla de la región, que estimo es competente aún cuando su inacción no nos deja muchos elementos de juicio, está dedicado a actividades proselitistas como lo es su apoyo al paro regional indefinido. Ni un Samurai de rancio abolengo podría haber hecho mejor harakiri gubernamental como lo ha hecho el Profesor Gregorio Santos al apoyar un paro contra su propio gobierno y dejar que los muy necesarios proyectos de desarrollo de la región se ahoguen por falta de gerencia ni voluntad política, porque es sabido por todos que financiamiento no es el problema. Tanto así que la burocracia de la Región Cajamarca no lidera el desarrollo económico y social del departamento como debería ser, pero sí realiza los gastos en bienes y servicios que un grupo de trabajo de esas dimensiones requiere y más; basta darle una mirada a la página web de la región en lo que corresponde a proveedores (http://www.regioncajamarca.gob.pe/proveedores) para percatarse que el porcentaje de gastos en servicios de terceros casi alcanza el 50%, muy por encima de gastos por servicios básicos, consultorías, procesos arbitrales, limpieza y otros.

Es nuevamente el sentido común el que debe llevar a todos los votantes cajamarquinos a hacer las preguntas pertinentes y pedir las cuentas necesarias a su presidente regional y/o su correspondiente consejero regional, no solo porque es un derecho democrático que les asiste si no también porque los ciudadanos de las provincias que vienen produciendo ilegalmente oro sucio, como Cajabamba en la zona de Algamarca, no pueden seguir indolentes ante el avance del crimen y la inseguridad ciudadana de los que son víctimas diariamente. Les alcanzo  la página web de la región donde hallarán datos de contacto que espero sean de utilidad:  http://www.regioncajamarca.gob.pe/consejeros-regionales.

Cerro de Algamarca
Por mi parte, las preguntas a responder son: ¿cuándo se erradicará definitivamente la minería ilegal en Algamarca, Cajabamba? ¿cómo saber si el Cerro Quilish no ha sido invadido por mineros informales desde que Newmont-Buenaventura fue expulsada del área? ¿quién garantiza que la concesión de Minera Conga no sería también tomada por la minería ilegal si se da el caso del desconocimiento de contrato? Respuestas urgentes y necesarias para el ciudadano de a pie y que debieron darse para tener la autoridad moral para iniciar o apoyar cualquier paro en el tinglado político regional y nacional, más aún ahora que las asociaciones de mineros ilegales contaminantes (que gustan disfrazarse tras los nombres de informales o artesanales) están también saliendo a las calles a pedir su formalización legal, disparate que no podemos dejar pasar sólo porque un pequeño grupo bloquea una pista de acceso y salida de bienes a nuestras poblaciones.

24 noviembre 2011

Cajamarca. La Commedia dell`Arte


En los tiempos en que Cajamarca era colonizada y usufructuada por la corona española, en Italia y Europa se desarrollaba la Commedia dell'Arte con personajes que encarnaban los arquetipos de la sociedad. Cajamarca producía textiles de alta calidad y reemplazaba a Potosí en la producción de plata de la colonia gracias a una de sus actuales provincias, Hualgayoc. No ha sido entonces la minería ajena a la región Cajamarca, como tampoco lo ha sido la Commedia dell'Arte en su  versión de Commedia all'improviso, lo que ha quedado fehacientemente demostrado en los últimos días de gestación del paro anti minero de la Región Cajamarca del 24 de noviembre del 2011. Aquí un resumen del tinglado que hemos presenciado tanto en el atrio de la Iglesia de San Francisco en Cajamarca, como en los salones del Palacio de Gobierno de Lima.



Los personajes que participan en este montaje político nos han sorprendido con sus dotes escénicas y su apego al histrionismo al elaborar sus parlamentos en escena. Impresionan particularmente las piruetas de Arlequín ejecutadas por el Primer Ministro Salomón Lerner Ghitis al término de sus reuniones en palacio con cuatro de los 127 alcaldes de distritos cajamarquinos y, al día siguiente, con tres presidentes de cámaras de comercio regionales; lástima que no pudimos ver más acrobacias de nuestro Arlequín después de una frustrada reunión con el intrigante Brighella, encarnado brillantemente por el Presidente Regional de Cajamarca Gregorio Santos Guerrero. Y es que el Dottore, Ministro Oscar Valdés Dancuart, no logró que Brighella Santos se embarcara en la nave que lo llevaría a brazos de Arlequín Lerner, aunque sí tuvo tiempo el querido Dottore Valdés para ilustrarnos con las grandes verdades de la vida, las consecuencias de los actos humanos y los efectos de un paro regional, cómodamente instalado en la poltrona principal de la Gobernación cajamarquina a donde había citado a Brighella Santos para la audiencia que su personaje concedía a Santos Guerrero en su propia casa. No contaba el buen Dottore Valdés con las dotes artísticas del Brighella de esta presentación cajamarquina y le dio, con la inocencia característica de su personaje, todas las excusas necesarias para que escape del tabladillo limeño. Toda una gran comedia cuyo tercer acto queda por ver, aún cuando todo lo sucedido y por suceder es tan predecible como una corrida de toros.


Un bosquejo de Commedia Erudita, como alternativa opuesta a la commedia all'improviso que nos obligan a contemplar nuestros gobernantes, no sobresale por la sabiduría del mensaje sino por el sentido común que otorga la ausencia de obligaciones con personajes que la farándula política le asigna a los miembros de su elenco. Todos nosotros vivimos un sistema económico omnipresente, por ende ineludible, que habla a voz en cuello de la necesidad  de una tasa de retorno positiva de cualquier inversión, sea esta privada o social. La Región Cajamarca, al igual que toda comarca en la tierra, tuvo que decidir cómo distribuir sus recursos en la forma más eficiente que su especial combinación de gente, tierra y capital le concede. Su gente siempre ha sido producto de la convivencia de guambos, cañaris, waris, caxamarcas, incas, españoles y otros más; no es entonces novedad ser mestizo y compartir en el norte del Perú. Y su tierra posee valles interandinos con microclimas poblados de ganado y bolsones de metales preciosos desenterrándose desde antes de Pachacutec; no es tampoco novedad la riqueza de nuestro norte. Su capital espera desde hace un tiempo atrás a ser reinvertido en la región y recuperar los ejes de desarrollo Cajamarca-Saña, Cajamarca-Quito, y Cajamarca-Chachapoyas que alguna vez tuvo; nunca fueron novedad los menesteres de la inversión en el norte comercial pero sí en el norte minero de estos días.

Gran parte del escenario de esta comedia política descansa sobre la falta de respuestas oficiales a preguntas claves acerca de la minería en el Perú. Sin embargo, el sentido común de todos ya ha respondido, con cargo a desarrollar los tecnicismos de cada caso, todas las preguntas incluso antes que se plantearan. Por ejemplo, bajo el supuesto negado que la gran minería formal sea expulsada de Cajamarca, la extracción de metales preciosos se seguirá realizando, ilegalmente, por la ola de buscadores de tesoros con la consecuente destrucción del medio ambiente que ya sucedió en Madre de Dios; la única salida, por ende, pasa por la negociación técnica y presión racional sobre empresas mineras con capacidad para manejar eficientemente concesiones tan importantes como Conga en Celendín o Shahuindo en Cajabamba.

Los ministros del actual gobierno pueden darse el lujo de representar personajes de comedia para mejor servir a un presidente de la república que esperamos no se convierta en un mero Il Capitano jactancioso de esta ya tantas veces montada Commedia dell'Arte al improviso. En contraste, el presidente regional de la región, Gregorio Santos Guerrero, está obligado a renunciar a su actual personaje de comedia y ejercer el liderazgo que el pueblo cajamarquino le ha confiado al frente de un grupo multisectorial eficiente que, como paso previo, logre: (1) la erradicación definitiva de la minería ilegal en toda la región, (2) el establecimiento de condiciones medio ambientales y operacionales para calificar a empresas mineras en actuales y futuras concesiones, (3) la participación real de la gerencia regional como líder en la negociación técnica con consorcios  mineros que ya operan en Cajamarca, (4) la continuidad del impulso constructor de carreteras e infraestructura productiva y generador de energía que diferencie a la región ante los inversores locales o extranjeros, y (5) la promoción de proyectos exportadores que incluya estudios, implementación y beneficios tributarios necesarios. La principal autoridad de la Región Cajamarca debe dejar de lado las marchas callejeras como primer expediente a la solución de problemas y empezar a administrar los recursos que posee la región y que alcanzan y sobran para volver a ser la locomotora del desarrollo del norte peruano.

16 noviembre 2011

De Cajabamba y su destrucción

Siempre he agradecido haber vivido en Cajabamba los años en que un hombre crea sus memorias más empecinadas, adopta sus tradiciones más enraizadas y vive sus amores más ilusionados. Aunque nací y crecí mi infancia entre la desolada multitud de Lima, me he ganado el derecho de ser cajabambino en esa tierra y lejos de ella. Y con ese derecho, he obtenido también la obligación de velar porque Cajabamba siga siendo lo que fue en esencia; me temo que lo que viene sucediendo desde hace algunos años está borrando de a pocos la esencia de las calles que recorría en mi juventud bajo ese cielo estrellado que no conocemos en la costa de nuestro país. Más aún, el paisaje del valle y sus montañas alrededor ya no son lo que solían ser y me asusta que, en parte, todo ello vaya quedando sólo en mis recuerdos y los de mi generación por franca omisión de nuestra parte. Estamos dejando las riendas del caballo a quienes no lo ven como una noble montura sino como merienda personal.
Para quienes leyeron la palabra Cajabamba y voltearon a ver el mapa anexo para ubicarse, quizás les vino a la mente el Caserío de Redondo en el Distrito de Cachachi, famoso durante un par de días por los tres niños muertos por envenenamiento accidental y que fueron usados como arma en la diaria refriega politiquera de la gran capital. A otros que también voltearon por acto reflejo al mapa, la manchita roja en el departamento norteño de Cajamarca quizás no les dijo nada. Pero estoy seguro que muchos de los que están leyendo estas notas identificaron plenamente la comarca sureña del departamento donde el colibrí se llama quende, la libélula anuncia las visitas como chasquero y los diablos bailan orgullosos marinera para la Virgen.
Quisiera decir lo contrario, pero la vida en Redondo, Cachachi, Cajabamba sigue tan igual y tan pobre como siempre, tal como sigue transcurriendo en Algamarca y Shahuindo, también caserios del casi famoso distrito de Cachachi. Siguen esos caseríos infestados desde algunos años por el cáncer de la minería ilegal que envenena sus cordilleras y ríos en busca de las pingües ganancias que trae vender oro en este mundo que ya perdió la confianza en el dios dólar. Basta darle una mirada al cerro Algamarca en la cordillera occidental del valle del río Condebamba para percatarse del daño visible que esta fiebre del oro está causando en el medio ambiente de esta comarca del norte del Perú, daño que la minería formal de la familia de Orbegoso no hizo en décadas de operación hasta su clausura en los años 80. La minería ilegal -que busca ser llamada engañosamente minería "informal" o, incluso, minería "artesanal" para tratar de confundirse con los reputados artesanos de San Blas en Cusco- no puede seguir teniendo carta blanca para contaminar las aguas de uno de los valles más ricos y más sumidos en la pobreza del Perú, ni para degenerar a la sociedad rural y urbana esclavizando niños y niñas para trabajo forzado y prostitución, ni para envilecer con dinero sangriento a las autoridades que deberían obstaculizar sus actividades proscritas por la ley.
Desgraciadamente para todos los peruanos, el cáncer que viene carcomiendo a Cajabamba no es exclusivo de esos parajes otrora verdes pues las actividades extractivas ilegales se extienden por todas las provincias a las que Lima sólo mira cuando puede utilizar las desgracias para censurar a alguna ministra o encumbrar a algún congresista. Se repiten ad infinitum casos similares en nuestros cerros y junglas sin que se hagan conocidos por el gran público de los consorcios nacionales de la información. Aún si fueran conocidos, sabiendo que la información lleva a la indignación, que es el primer peldaño que inicia la larga escalera de la eliminación de lo injusto e ilegal, hay hermanos un largo camino que recorrer considerando la careta de indiferencia que enmascara al miedo a rebelarse ante la injusticia que viene cubriendo las caras de la gran mayoría de peruanos estas últimas décadas.
No puedo dejar de anotar lo que cualquier mente con un dedo de frente puede colegir como correcto y necesario para librarse de lo que está destruyendo los cimientos de nuestras memorias, tradiciones y paisajes. No podemos dejar  que ninguna persona que ostente autoridad, por votación o nombramiento, le ponga precio a su propia inacción ante la ilegalidad de grupos organizados alrededor de la violencia sin que ésta nos golpee tarde o temprano; no podemos dejar que aquella persona con autoridad ponga precio a su dormida conciencia y reciba dinero manchado con sangre de anónimos peones que encontraron una mala muerte y un peor entierro en los cerros regados de mercurio y cianuro; no podemos dejar seguir ejerciendo cargo público alguno a nadie que renuncie a ejercer a la autoridad que le fue conferida como lo viene haciendo la actual presidencia regional de Cajamarca y su dirección regional de energía y minas al emitir resoluciones ordenando el cese de actividades mineras ilegales, como si éstas no estuvieran ya prescritas por el cuerpo legal de la nación, o como lo vienen haciendo los representantes del poder judicial en Cajabamba al frustrar sistemáticamente el desalojo de los invasores ilegales. No podemos dejar que, ante la inacción de las autoridades que tienen la solución en sus manos, la policía incaute insumos prohibidos y metales extraídos ilegalmente y que, gracias a los malos elementos de siempre, regrese lo incautado al mercado oscuro del oro mal habido.
Aún sin poseer frente alguna es fácil darse cuenta que los tiempos nos exigen alzar nuestra voz y acallar a aquellas voces con intereses personales que vienen  pidiendo diálogo con los mineros ilegales, lo que no traerá más que la misma patente destrucción eternizada. Es más que obvio que, nos guste o no, la minería seguirá presente en nuestras regiones porque esa actividad es la principal fuente de ingresos para el país, por lo que lo racional es apoyar la actividad minera formal que ya cuenta con tecnología y procedimientos que mitiguen en lo posible el daño ambiental, como lo exigen las leyes internacionales que debemos adoptar en su totalidad. Sólo a empresas mineras formales que cuenten con larga experiencia en el campo podemos exigirles derechos inherentes a la vida de los pueblos y son las que nos darán los ingresos que garanticen que nuestras angostas calles franqueadas por tejas sigan recibiendo lluvias de agua pura, que nuestros paisajes más allá del valle sigan mostrando el verde azulado que alberga el sustento que necesitamos para perdurar en el tiempo.